Accomarca: el 'graduado' de la impunidad sale tras 23 años y familiares protestan

Con 23 años cumplidos, el responsable de la masacre de Accomarca queda en libertad; familiares protestan mientras el Estado aplaude su 'rehabilitación'. Ya.

Accomarca: el 'graduado' de la impunidad sale tras 23 años y familiares protestan

Titular de la jornada: el protagonista de una de las páginas más sangrientas de Ayacucho terminó su 'curso' de 23 años y ahora figura como egresado del sistema penitenciario. Sí, el mismo que administra calendarios, permisos y, aparentemente, sentido común.

En 1985, 69 personas —ancianos, mujeres y niños— fueron asesinadas en Accomarca. Ayer, un tribunal confirmó que la condena de 23 años quedó cumplida y un hombre señalado por esos hechos recibió la noticia como quien recibe la constancia de asistencia a un taller. Los familiares, por su parte, salieron a las calles a protestar en contra de esa extraña lógica donde tiempo cumplido equivale a cierre de expediente moral.

La escena tuvo todo el drama: lágrimas, carteles y la inevitable burocracia anestesiada que declaró el caso "resuelto" con la frialdad de quien tacha una planilla. "Hicimos todo según la ley: llevaron el expediente, pusieron sellos, timbraron la liberación y también entregamos un portapapeles decorativo", explicó un funcionario anónimo del Ministerio del Olvido. Nadie supo si a la constancia le adjuntaron un cuadernito de disculpas.

Los familiares dijeron que no aceptan el veredicto como un punto final. "No hay cumplimiento de años que borre la ausencia de nuestros muertos", afirmó una sobrina. En respuesta, desde oficinas oficiales se recomendó "respetar los tiempos legales" y asistir a una charla sobre 'reencuentro con la convivencia'. El sarcasmo en el aire era casi palpable.

Los comentaristas de siempre se repartieron los papeles: unos celebraron la 'aplicación de la pena', otros denunciaron que el sistema penal parece funcionar con descuento por buen comportamiento y cupones por 'tiempo por servicio'. Un auto proclamado "experto en impresoras judiciales" declaró que si las sentencias salieran con sello de ventanilla, al menos serían más honestas.

Cita inventada con sabor oficial (porque en estos tiempos las declaraciones sinceras son artículo de lujo): "Lo importante es que la tarjeta de salida llegó; ahora sólo falta que alguien nos explique qué hacemos con la memoria", dijo el vocero del Departamento para Resolver Malas Historias.

Y, para no perder la costumbre, una estadística tan absurda como útil: según la Encuesta Nacional de Incredulidad, 84% de los consultados cree que 'cumplir condena' no es sinónimo de 'reparar daño'. Otro 12% piensa que el término correcto sería "pago a plazos por crímenes mayores".

Mientras el país debate en qué caja entrarían la justicia, la memoria y la reparación —si en la de objetos perdidos, en la de reciclaje o en la de artículos en espera—, las familias de Accomarca siguen pidiendo lo más básico: reconocimiento, verdad y medidas que no quepan en un sello. Por ahora, la única seguridad es que el reloj judicial marcó 23 años y dio por concluido el trámite. El resto, como siempre, queda en manos de la paciencia, la protesta y la ironía popular.

Publicado en: 9 de febrero de 2026, 10:30

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