Anciano muere por intensas lluvias: la ciudad practica la ciencia de inundarse y el Estado practica la de la excusa
Un anciano fallece tras intensas lluvias; mientras la ciudad se inunda, las autoridades perfeccionan el arte de las excusas, los baños públicos desaparecen y las alcantarillas hacen huelga.
Titular real, tragedia real, pero con una ciudad que nunca desaprovecha la oportunidad de convertir una catástrofe en comedia involuntaria. Un anciano fue la víctima mortal de las intensas lluvias; nuestra solidaridad con la familia y nuestra ira contenida con la infraestructura que decidió tomarse vacaciones.
En un ejercicio colectivo de indiferencia que ya parece deporte nacional, la lluvia llegó, las calles se llenaron, las alcantarillas se encerraron y un anciano —cuya identidad merece respeto y a quien hoy recordamos con pesar— perdió la vida. No vamos a convertir el dolor en chiste: el chiste es que esto se repite con la puntualidad de un reloj que nadie arregla.
Mientras la familia velaba la memoria de un hombre, la sinfonía de responsable cero se ponía en escena: la alcaldía prometió "evaluar", el ministerio anunció "un comité" y la empresa de limpieza dijo que "estaba trabajando en ello desde hace mucho". Traducción: juntan firmas para formar un comité que luego redactará un comunicado en diez pasos.
Si la lluvia fuera un deporte olímpico, nuestra ciudad ganaría oro en la modalidad 'inundación urbana sincronizada'. Las calles se transformaron en canales turísticos improvisados: lanchas, kayaks y un vecino que vendía paneo de emergencia. Todo muy pintoresco hasta que recordamos que una persona murió. Ahí la cosa deja de ser pintoresca y pasa a ser imperdonable.
Nuestros héroes invisibles, las alcantarillas, están en huelga indefinida por "exceso de demanda y falta de primas por desempeño". Según un estudio ultrasecreto del Instituto Nacional de Problemas Hídricos (INPROHI), el 87% de las soluciones propuestas por funcionarios consiste en "coordinar acciones" mientras miran el calendario para ver cuándo será temporada de memoria.
Un ingeniero consultado —inventado para este memorándum satírico pero con título imaginario— declaró: "Las tuberías no estallan por falta de tuberías, estallan por el exceso de confianza en comunicados de prensa". Un portavoz del municipio añadió: "Hicimos todo lo que pudimos: pusimos carteles, mandamos fotos por WhatsApp y pedimos a la lluvia que, por favor, revise el horario".
Para los amantes de las estadísticas inútiles: 100% de las promesas de mantenimiento se hacen fuera de temporada; 0% de las culpabilidades llegan a buen puerto; y 42% de las bolsas de arena se transforman en esculturas modernas en plazoletas.
No todo es tragicomedia: hay gente que actúa. Vecinas y vecinos pusieron manos a la obra, sacaron barro, salvaron mascotas y taparon lo que se pudo tapar con lo que se tenía. La ciudadanía, como siempre, apareció con paciencia, solidaridad y energía; las instituciones, en cambio, acudieron con comunicados, postales y explicaciones que caducan antes de imprimirse.
Que esto sirva menos para titular y más para cambiar: no queremos más homenajes en redes sociales ni medallas de cartón para las autoridades cuando vuelva a caer el agua. Queremos drenajes dignos, alertas efectivas, mantenimiento real y, sobre todo, que nadie más entero sea el precio de una política pública improvisada.
Cita absurda (pero que parece verdadera): "Según la Encuesta Nacional de Responsabilidad Lluvia-Política, 9 de cada 10 funcionarios consideran que el mejor plan anticrisis es esperar a que la lluvia se calme sola".
En memoria del anciano que murió por las lluvias: nuestro compromiso es recordar sin convertir su pérdida en anécdota. Y, ya que estamos, exigir que si hay que construir algo, no sea solo discursos bonitos que se inundan al primer chaparrón.
Comparte esta noticia en:
WhatsApp Facebook TikTok

