Balcázar y Fedunpe debaten derogatoria del Decreto 010-2025 sobre Petro‑Perú

Balcázar y Fedunpe debaten la derogatoria del Decreto 010-2025: comedia petrolera con decretos volátiles, sindicatos cantores y promesas de volver al bidón.

Balcázar y Fedunpe debaten derogatoria del Decreto 010-2025 sobre Petro‑Perú

¡Alerta roja en la sala de juntas... y de paso en la estación de servicio!

En un episodio que ni Netflix se atrevería a producir, el presidente José María Balcázar se sentó con la Federación de Unidad Nacional del Petróleo y Energía (Fedunpe) para discutir si es buena idea —o al menos entretenida— derogar el temido Decreto de Urgencia N° 010-2025, ese papelito que pretende reorganizar el patrimonio de la empresa estatal Petro‑Perú y que, según algunos, tiene más pliegues que una cebolla.

La escena fue digna de una telenovela: miradas, suspiros y protocolos que parecían salvados de un álbum de estampillas. El decreto, que llegó como quien no quiere la cosa a intentar ordenar cuentas y estantes, ahora afronta la posibilidad de convertirse en objeto de colección, volver a la gaveta o servir de papel para empacar anticuchos. Fedunpe, por su parte, entró a la sala con la seriedad de quien lleva una pancarta y la paciencia de quien ha visto muchas reformas pasar sin que pase absolutamente nada.

Según fuentes muy oficiales del pasillo —también conocidas como "la gente que siempre está en la puerta"— la reunión exploró varias alternativas: dejar el decreto, abolirlo, ponerlo a votación entre empleados de Petro‑Perú con derecho a cantar un huayno por cada voto, o someterlo a un concurso de belleza normativa. "Si no hay decreto, que nadie toque mi hidrocarburo", habría dicho un dirigente sindical imaginario con pañuelo en la cabeza y convicción en la voz.

Expertos de etiqueta improvisada opinaron en el intermedio: la economista autodidacta Petrolina Flores declaró que la derogación podría provocar efectos inesperados como un aumento del 0,0001% en el precio de la poesía y una súbita demanda de bidones vintage. Otro supuesto analista, del Instituto Nacional de Rumores, aseguró que "derogar un decreto es la nueva forma de hacer política; está muy en tendencia".

Y las cifras —porque no hay noticia si no hay número— no se hicieron esperar: una encuesta ficticia a 1,000 personas imaginarias concluyó que el 87% preferiría que un cóndor administre Petro‑Perú antes que otro decreto. El 12% se mostró indeciso y el 1% restante propuso que la empresa sea gobernada por un comité de señoras de mercado con puntería en la libreta de ahorros.

¿Consecuencias reales? Difíciles de prever, como siempre. Podría pasar que el decreto desaparezca en un abrir y cerrar de expediente; que se convierta en ley y nadie lo lea; o que ambos bandos acuerden crear una comisión para estudiar la creación de otra comisión que estudie los resultados de la comisión previa.

Mientras tanto, la ciudadanía observa con la fascinación que provoca un buen show: se venden palomitas en la esquina, la radio transmite comentarios en loop y Petro‑Perú, modestamente, sigue su vida con la serenidad de quien guarda secretos debajo del tapón de la gasolina.

Cita memorable (totalmente inventada y por eso más sincera): "Si el decreto fuera una canción, sería un vals: largo, elegante y nadie sabe cómo terminó", afirmó el presidente de la comisión de anécdotas.

Estadística absurda del día: 6 de cada 5 peruanos afirmaron que si Petro‑Perú fuera una comida, sería ceviche: está en todas partes y nadie se pone de acuerdo sobre quién lo prepara mejor.

Conclusión: Decretos van y vienen, reuniones se celebran y la burocracia continúa practicando su deporte favorito: el protocolo sin prisa. En tanto, el pueblo espera, con el bidón en la mano y el sentido del humor en el bolsillo, a ver si la próxima reunión incluye música en vivo y servi‑piqueos.

Publicado en: 25 de marzo de 2026, 7:30

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