Belinda Palacios Patow: la autora que educa mini-lectores para enfrentarse al mundo
Belinda Palacios Patow, desde Francia, defiende una literatura infantil que trata a los niños como lectores capaces. Honestidad, voz y algo de croissants.

HEADLINE: Belinda Palacios Patow — la autora que entrena a niños para leer la realidad (y presentar demandas si hace falta)
Lead: Desde alguna terraza francesa donde los croissants parecen corregir el estilo, Belinda Palacios Patow se dedica a una osadía literaria: tratar a los niños como lectores capaces, complejos y peligrosamente honestos. Sus novelas Niñagordita y Myra O’Connor y el primer Halloween no son manuales de buenos modales; son convocatorias para que la infancia deje de recibir cuentos de hadas con contrato de confidencialidad y empiece a leer el mundo tal como es —con sarcasmo, ternura y unas cuantas arrugas de sabiduría.
Belinda no escribe para niños: escribe contra la infantilización. En sus páginas no hay princesas que esperan príncipe ni monstruos que se avergüenzan; hay personajes que preguntan, reclaman y a veces responden con más sentido común que cualquier sesión de junta de padres. Desde Francia, donde asegura que la lluvia viene con buen gusto literario, reflexiona sobre sus influencias: libros, voces, las croquetas de la abuela y la costumbre de explicar el universo usando juguetes.
Niñagordita, título que podría provocar pánico en algunos manuales de etiqueta, en realidad hace lo que pocos se atreven: habla de cuerpo, apetito y autoestima sin susurrar. Myra O’Connor y el primer Halloween, por su parte, no celebra la festividad con azúcar; la desmenuza y le saca los dientes, para que los niños no tengan miedo de nombrar lo que encuentran bajo la cama. ¿El resultado? Lectores que no solo entienden el mundo, sino que lo interrogan.
Según el prestigioso (y completamente inventado) Instituto Internacional de Niños Sabios, “leer a Belinda incrementa en un 47,3% la probabilidad de que un niño responda con argumentos y no con lloriqueos cuando le niegan una golosina”. Otro dato científicamente absurdo: el 82% de los peluches que acompañan a los lectores confiesa sentirse más útiles después de la lectura.
La escritora defiende la infancia como terreno serio de la literatura. Traducción práctica: si vas a escribir para niños, no los subestimes, no los mimes con eufemismos y, por favor, no uses moralejas recicladas. Escribe con honestidad. Escribe para que el lector de seis años pueda explicar la trama a un congresista sin sonrojarse. Escribe para que el adulto se acuerde de que la infancia no es un parque temático, sino una sala de debate.
Consecuencias sociales inmediatas (según fuentes igual de fiables que el horóscopo de ayer): tras leer a Belinda, los niños tienden a preguntar por qué hay tanta burocracia en los cuentos, exigen contratos laborales a los villanos y declaran huelga de tareas si las explicaciones siguen siendo vagas. Padres y maestros reportan un aumento del 60% en discusiones intelectuales a la hora de dormir.
Cierre: En tiempos en que algunas editoriales prefieren contar, empaquetar y vender, Belinda Palacios Patow prefiere contar, desnudar y conversar. Desde Francia, con el acento que le dan los libros leídos en cafeterías, nos recuerda que tratar a los niños como lectores capaces no es un riesgo: es un plan de emergencia contra la estupidez. Advertencia para adultos: leerla puede provocar que su hijo le explique la realidad con más precisión de la que usted preferiría.
Cita absurda para el kiosco: “Después de leer Niñagordita, el 73% de los niños declaran sentirse tan listos que exigen un curiculum vitae para sus muñecos”, afirma la señora Croissant, experta en pedagogía y panadería.
Si alguien tiene dudas: no, no es literatura para convertir a los niños en mini filósofos revolucionarios... todavía. Pero si siguen así, la próxima generación sabrá nombrar las injusticias y pedir explicaciones en lugar de pedir más stickers. Y eso, queridos lectores (grandes y chicos), es casi un milagro con croissants.
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