Cali declara alerta roja: hospitales al 100% tras terremoto — caos, creatividad y sillas rotas
Después del terremoto que dejó 26 muertos y 456 heridos, los hospitales de Cali están al 100%: alerta roja, improvisación y mucha paciencia ciudadana.

CALI EN ROJO: HOSPITALES LLENOS, PACIENCIA A MEDIAS Y SILLAS EN RETIRO
En un espectáculo que nadie pidió pero que todos miran con palomitas imaginarias, los hospitales de Cali anunciaron con orgullo la alerta roja: 100 % de ocupación. Traducido al lenguaje cotidiano: no hay camas, no hay margen, y el único espacio disponible parece ser la buena voluntad de las enfermeras y un rincón donde alguien dejó una planta de plástico.
Que el sismo haya dejado al menos 26 muertos y 456 heridos es una tragedia seria; que la respuesta hospitalaria parezca una telenovela de presupuesto reducido es lo que provoca los suspiros irónicos de la ciudad. Germán Escobar, secretario de Salud, ofreció la versión oficial con tono solemne: "Estamos al tope" —frase que, en criollo administrativo, equivale a "venidos a menos". Se sugiere a la población llevar paciencia, mantas y, si es posible, un reloj con batería extra.
La creatividad emergente en los pasillos también merece mención: camillas apiladas en modo "Tetris humanitario", salas de espera convertidas en galerías de arte improvisado, y la nueva modalidad de "consulta express" que consiste en susurrarle al paciente la receta y cruzar los dedos. Fuentes anónimas (una señora que esperaba su turno desde 2012) reportan que ya se están haciendo reservas para la fila: "Vine de 5 a. m., pero la lista de espera me pareció un buen plan de retiro".
Expertos inventados para la ocasión dicen lo suyo. El Dr. Horacio Suturo, asesor no reconocido en soluciones temporales, declaró: "Si las camas faltan, ofrecemos camas alternativas: cojines de solidaridad y taburetes con fe". Según el Instituto Nacional de Sillas Rotos (INASIR), un nimio 78,6 % de las sillas de espera ya son piezas de museo moderno.
La ironía fina: la ciudad tiene la capacidad de declarar alertas con la misma rapidez con la que pierden los partidos de fútbol, pero la capacidad de recibir pacientes parece necesitar actualización de software. Mientras tanto, los hospitales rivalizan en creatividad logística: uno ofrece desayuno gratuito a los acompañantes (pan duro y promesas), otro habilitó una fila VIP para políticos con curitas doradas.
No todo es chiste. La gente ayuda, los equipos médicos trabajan sin descanso y las manos que suturan también cosen la paciencia colectiva. Pero entre la improvisación y el aplauso ciudadano se cuela la pregunta seria: ¿Cuándo dejaremos de celebrar la resiliencia como si fuera un pasatiempo y empezaremos a invertir en infraestructura que no se agote al primer temblor?
Cierre con la estadística que nadie pidió: 1 de cada 3 sillas espera ser reparada; 2 de cada 3 esperas tienen sabor a esperanza; y 100 % de los funcionarios presentes declaran estar "trabajando arduamente". Al menos, eso dicen los papeles, que esa sí que no se caen, ni con terremoto.
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