Candidata del APRA sentenciada: llamar “terruca” le cuesta S/ 40,000 y el bolsillo de la campaña

Candidata del APRA condenada por llamar “terruca” a Verónika Mendoza en TV. Ahora debe pagar S/40,000. Justicia, reparación o el nuevo precio del insulto nacional.

Candidata del APRA sentenciada: llamar “terruca” le cuesta S/ 40,000 y el bolsillo de la campaña

Titular: La factura de la palabrita

Lead: En el episodio más reciente de "Política y Palabrotas", una candidata del APRA aprendió que en la era del reality televisivo las ofensas vienen con recibo. Por llamarla "terruca" a Verónika Mendoza en un programa de TV, ahora tiene que desembolsar S/ 40,000. Sí, también nos sorprendió: la palabra tiene precio y parece que subió.

La escena parecía sacada de un guion barato: luces, música dramática y la candidata que, con la serenidad de quien tira una frase para los memes, soltó el adjetivo mágico. Los productores aplaudieron, el público se indignó (el de siempre), y la justicia, que no trabaja con hashtags, terminó poniendo la calculadora sobre la mesa.

El juez, vestido de toga y con una sensibilidad económica notable, dictaminó reparación civil por S/ 40,000. "No es venganza, es tarifa", habría susurrado un asistente que nadie consultó. Para ponerlo en contexto: S/40,000 alcanzan para financiar aproximadamente 1.200 almuerzos criollos, 40 viajes ida y vuelta en combi presidencial o, según el nuevo índice popular, dos campañas microondas de última hora.

Los expertos—o auto-proclamados tales—no tardaron en dar su opinión. El imaginario "Instituto Nacional de Tarifas por Difamación" (INTD) publicó un comunicado: "El insulto 'terruca' tiene ahora un valor de mercado; su precio base es S/. 35,000, con recargo por televisión en vivo y derechos de autor moral". El Dr. Rufino Cuchicheo, profesor honorario de Calígrafía de Ofensas, añadió: "Hay que actualizar la tabla tarifaria cada semestre: la inflación retórica está fuera de control".

Estadística absurda del día: un sondeo clandestino de La Encuesta del Choripan aseguró que el 62% de la población cree que si las palabrotas fuesen gravables, la recaudación serviría para arreglar todas las pistas del país. El 38% restante cree que ya hay demasiadas pistas arregladas para quien grite más fuerte en televisión.

La candidata anunció que apelará la sentencia, porque en política moderna apelar es sinónimo de campaña. Sus asesores trabajan ahora en el plan B: cobrar por cada palabra subida de tono en los debates y convertir la reparación civil en merchandising. "Si nos obligan a pagar, al menos que nos den una polera con el monto", sugería un creativo de campaña con la seriedad de un vendedor de ferias.

Verónika Mendoza, por su parte, se mantuvo estoica y quizá algo entretenida: dijo que la justicia funciona cuando las palabras tienen consecuencias, y además agradeció la publicidad (nadie lo dice pero todos lo piensan). Mientras tanto, el electorado observa, hace memes y decide si prefiere candidatos que insultan gratis o candidatos que insultan pero luego pagan la cena.

Cierre: En este país donde todo se tarifa—desde el peaje hasta el silencio—queda la lección de fondo: en la política peruana, una mala palabra ya no solo te vale una mala imagen; te puede costar lo suficiente como para pagarle el aniversario a la tía.

Cita satírica: "Según el INTD, la actualización anual del valor de 'terruca' se publicará junto al índice de precios al consumidor; recomendamos invertir en acciones de diccionarios", bromeó el Dr. Cuchicheo.

Publicado en: 17 de febrero de 2026, 11:10

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