Carlos Jaico arrasa en Cajamarca: confeti, cariño y promesas que parecen receta
Carlos Jaico arrasa en Cajamarca: multitud, confeti y promesas que suenan a receta de sopa. Satira política con humor ácido y un toque de chanchito. ¡Ya!

¡JAICO EN CAJAMARCA: MÁS FIESTA QUE CARNAVAL Y MÁS PROMESAS QUE RECETA DE LA ABUELA!
En lo que parece haber sido una mezcla entre un concierto, una feria de platos típicos y la final de un reality show, el candidato presidencial por Perú Moderno, Carlos Jaico, recibió en Cajamarca una multitud que, según los organizadores, alcanzó cifras imposibles de verificar sin un telescopio y una calculadora emocional.
La escena fue la siguiente: confeti que parecía harina de pan, aplausos que competían con el canto de una banda de músicos callejeros y saludos que incluían abrazos, besos y al menos dos promesas con aroma a guiso. Jaico, sonriente —con la serenidad de quien ha hecho curso intensivo de saludos calorosos—, dedicó entre discurso y discurso una coreografía de gestos pensada para la cámara y para la abuelita de cada barrio.
"Nunca había visto tanto cariño" —dijo, con la modestia de quien ignora su propio cartel luminoso—. Un supuesto 'experto en multitudes' contratado por la campaña añadió que la asistencia pudo medirse en 'sonrisas por metro cuadrado', una unidad de medida hasta hoy desconocida por la academia.
Entre las promesas más ovacionadas y las que más olían a guiso político estaban la creación de ferias permanentes de pachamanca, el plan de 'digitalizar los saludos' para evitar filas en los mítines y la promesa de instalar máquinas expendedoras de expectativas en todas las plazas. Los asistentes aplaudían con fervor, y algunos incluso preguntaban si en la compra venía un pisco gratis o, por lo menos, una foto con el candidato.
Para dar mayor credibilidad al acto, la campaña presentó una estadística tan contundente como absurda: "El 97.3% de los cuyes consultados apoyan la visita presidencial". La cifra fue celebrada por todos los presentes y por un cuy que, según fuentes no oficiales, se llevó una pegatina de campaña.
Las reacciones no se hicieron esperar. Un vendedor de empanadas comentó: 'Si él es moderno, que me explique cómo cobrar con código QR y con saludo incluido'. Mientras tanto, un dirigente local propuso cambiar el himno de la ciudad por uno más alegre, con coros y coreografías aprobadas por el comité de campaña.
En resumen, Cajamarca vivió una jornada que mezcló política, festival y show. Las promesas volaron más alto que los confetis y los corrillos ya discuten cuál frase del candidato será la próxima que terminará en sticker, pegatina o pancarta en la feria del domingo. Como suele pasar en los mítines modernos, la verdad quedó algo diluida entre el humo de la pachamanca y los fuegos artificiales del entusiasmo.
Cita absurda final para cerrar con broche dorado: 'Según el Instituto Nacional de Datos No Verificables, la alegría registrada equivaldría a 3.5 millones de sonrisas medidas en decibelios optimistas', sentenció un vocero imaginario mientras repartía chalecos reflejantes con el logo de la campaña.
Si Cajamarca fue el escenario, la pregunta que queda es si la campaña seguirá montando teatro, feria o una mezcla de ambos. Mientras tanto, la multitud se llevó su confeti y su selfie, y el candidato se llevó la foto —y quizás un par de empanadas—. Fin del acto, hasta la próxima función.
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