Contraloría señala a 10 funcionarios de la ONPE por irregularidades en proceso electoral: el melodrama de siempre
La Contraloría detecta presunta responsabilidad en 10 funcionarios de la ONPE por irregularidades en el proceso electoral. Crónica satírica del caos burocrático.

Titular provocador: Diez héroes anónimos de la ONPE, acusados por la Contraloría de convertir el voto en sopa de siglas
Plomo y confeti: la Contraloría, ese organismo que aparece siempre en las fotos cuando ya se acabó la torta, encontró presunta responsabilidad penal y/o administrativa en 10 funcionarios de la ONPE por irregularidades en el proceso electoral. ¿Sorpresa? Sólo si usted vive en una isla sin internet, sin radio y sin vecinos chismosos.
En el episodio número 427 del culebrón electoral, la auditoría dice que hubo fallas —lo mismo que ya sabíamos, pero ahora con papel timbrado—. Los funcionarios implicados pasaron del anonimato al estrellato forzado: ahora su apellido figura en informes, notas oficiales y memes que duran lo mismo que la batería de un celular en reunión interminable.
La ONPE, institución que hasta hace poco repartía tutoriales de “cómo no perder elecciones”, lanzó su propio comunicado de estilo: «Estamos colaborando con las investigaciones y preparando un documento en tres copias, una para la oficina, otra para el archivo, y una por si acaso». Traducción libre: trabajamos en silencio, pero con eco.
Mientras tanto, el público reacciona con la serenidad de quien ve teatro pero sabe que no habrá reembolso. Expertos autoproclamados en cafés y redes han propuesto soluciones alternativas como: auditar con un detector de mentiras, hacer votaciones por aplaudir o sustituir las urnas por ánforas —que suenan más dramáticas—.
Cita absolutamente verídica (o casi): “Fue una metamorfosis administrativa: lo que entró como voto salió como expediente”, declaró un portavoz anónimo, con la solemnidad de quien lee el horóscopo y se lo cree.
Estadística ridícula pero convincente: según el Instituto Nacional de Datos Curiosos, el 72.4% de las irregularidades electorales ocurre cuando el funcionario responsable está a punto de irse a su lonche. Coincidencia, guiño, misterio.
Consecuencias previstas por no menores: más informes, más mesas de trabajo, algún paseíto al Ministerio, y la garantía de que, para las próximas elecciones, todos volveremos a sorprendernos exactamente igual. La Contraloría hará su papel, la ONPE su defensa y la ciudadanía su ritual de incredulidad con café y comentarios en redes.
Mientras tanto, sugerimos nuevas medidas: talleres obligatorios de organización para funcionarios, un manual ilustrado titulado «Cómo no convertir un padrón en novela de suspenso», y la instalación de un botón rojo que diga: ‘No tocar hasta que baje la tensa calma’.
En resumen: diez funcionarios pasan a la galería oficial de los señalados; la burocracia saca su libreto, la prensa su cámara y el público su mejor cara de “ya lo sabíamos”. El país, paciente como ama de casa que espera que la lavadora termine, observa y espera el siguiente capítulo de esta saga que ni Netflix se atrevería a producir.
Pie de página satírico: si desea participar, envíe su queja en cinco copias, preferentemente completadas con tinta invisible.
(Advertencia: cualquier parecido con la realidad es pura casualidad administrada.)
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