El triunfal regreso de Mons. Edgard Rimaycuna Inga a Chiclayo: procesiones, selfies y milagros turísticos

Mons. Edgard Rimaycuna Inga regresa a Chiclayo y la ciudad entra en éxtasis: procesiones, selfies sagradas y milagros turísticos que desafían toda lógica.

El triunfal regreso de Mons. Edgard Rimaycuna Inga a Chiclayo: procesiones, selfies y milagros turísticos

¡EL HIJO PRÓDIGO DE CHICLAYO HA VUELTO (CON SUSELLO Y TODO)!

La llegada de monseñor Edgard Rimaycuna Inga, supuesto secretario personal del papa León XIV —sí, ese papa que nadie había pedido pero que ahora suena como una marca de galletas divinas— hizo que Chiclayo se parta en dos: por un lado, la feligresía eufórica; por el otro, los vendedores de polos con la leyenda "Yo vi al secretario del papa y sobreviví". Lo que en otros lugares sería un tranquilo reencuentro eclesiástico aquí se convirtió en una mezcla de concierto, feria y elección de reina de la primavera parroquial.

En la plaza central se improvisaron altares, puestos de anticuchos espirituales y una carpa para selfies sagradas. Los fieles, armados de bendiciones y celulares, practicaron el nuevo sacramento del autoretrato eclesiástico: la selfie con monseñor, que según fuentes no verificadas, otorga diez minutos extra de señal Wi‑Fi y un descuento en empanadas de viento.

No faltaron las lágrimas de emoción, las palmadas religiosas y los abrazos que duraban lo mismo que la estadía del monseñor: exactamente tres horas y veintiún minutos. Los más supersticiosos juraron haber visto una aureola de renovado brillo sobre su sombrero de paja, mientras los turistas confundían la procesión con el estreno de una serie local.

Un "especialista en fenómenos socioreligiosos de barrio", también conocido como don Teófilo (vendedor de programas del evento), declaró: "Esto no es solo una vuelta: es una gira mundial... por Chiclayo. Crecen las visitas, aumentan las empanadas y hasta los perros del barrio parecen más piadosos". Expertos imaginarios ya calculan un aumento del PIB local gracias al merchandising: rosarios, estampitas y camisetas que rezan "Yo estuve en la bendición del siglo".

Cifras oficiales (o casi): 97.3% de los asistentes pidió autógrafos; 63% afirmó que el encuentro mejoró su digestión; 0.4% perdió el santo y la limosna. En respuesta, la municipalidad anunció planes para declarar el día del retorno como fiesta turística, con desfile de carrozas, concurso de cornetas y —por consenso popular— una estatua inflable de monseñor en la rotonda.

Como todo buen regreso apoteósico, tampoco faltaron quienes miraron con escepticismo: algunos vecinos dijeron que lo único milagroso del asunto fue cómo se reactivó el comercio de sombreros, y otros sospecharon que la visita tenía objetivos más prácticos: pruebas de sonido, ensayo de discursos y degustación oficial de ceviche (porque todo se arregla con ceviche).

Cita ficticia para la posteridad: "Si el papa no viene, que venga su secretaria personal, su primo tercero o su cartera con firma", sentenció sonriente doña Carmen, mientras vendía medallitas con olor a incienso y a limón.

Al final del día, Chiclayo volvió a su ritmo habitual: los vendedores contaron ganancias, las campanas repicaron como si nada y los feligreses se dijeron mutuamente "hasta la próxima vez" con la certeza de que, si el secretario personal del papa decide pasearse por otro departamento, allí también se formará una procesión, un mercado y, por supuesto, una cola para la selfie.

Estadística absurda final: según el Instituto Nacional de Opiniones Exageradas, el 82% de los chiclayanos ahora considera a monseñor Rimaycuna Inga "influencer espiritual" y consume su palabra en dosis semanales acompañado de chicha morada y pan con chicharrón.

Publicado en: 5 de agosto de 2026, 7:10

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