Elecciones Perú: Caos en las urnas por retrasos y la épica confusión del tarjetón
Urnas cerraron con retrasos y confusión: colegios abrieron tarde, votantes perdidos frente al tarjetón y el país convirtió votar en deporte extremo y tragicómico.

Titular oficial: cerraron las urnas. Versión popular: la jornada electoral se convirtió en una mezcla de telenovela, ruleta rusa y gymkana nacional.
Cerraron las urnas en la mayoría de los centros de votación, dicen los comunicados. Los peruanos, en cambio, contaron otra versión: colegios electorales que abrían tarde como quien abre una panadería en domingo (cuando ya no quedan panes), ciudadanos que llegaron preparados para votar y terminaron practicando la imprecisa disciplina de la espera, y un tarjetón tan amistoso con la confusión que podría presentarse solo en un lobby de arquitectos minimalistas.
Nuestro enviado especial, Andrés Suárez Jaramillo, estuvo en uno de esos puntos donde el derecho a votar pareció entrar en huelga. «Llegué a las 8:30 y el colegio abrió a las 10:00. El guardia me miró como si yo fuera el problema», reportó, todavía con la serenidad de quien sobrevivió a la primera línea de una batalla por la paciencia.
El atraso en la apertura de locales —que algunos explicaron con la tradicional frase “ahí nomás, estamos organizando unas cosas”— tuvo efectos inclusivos: todos compartieron el distintivo sentimiento nacional de perder el tiempo juntos. Hubo quien rimó la espera con café y quien convirtió la fila en club social improvisado. Las redes, por supuesto, no se hicieron esperar: memes, reels y teorías conspirativas sobre si la culpa era del reloj o del espíritu electoral del jurado.
Y ahí estaba el tarjetón, estrella involuntaria de la jornada. Diseñado, según la versión oficial, para “fomentar la claridad”, produjo el efecto contrario: confusión masiva, direcciones alternativas y rescates éticos de última hora. Votantes consultaban móviles, vecinos, y al parecer algún acordeón ambulante para decidir la mejor estrategia de voto. «Pensé que era un menú de restaurante gourmet: tanto nombre acompañado de tanto símbolo», confesó una señora que, tras consultar el tarjetón, terminó comprando pan en lugar de emitir su voto.
Hicimos la consulta inmediata a un supuesto experto: el Dr. Hernán P. Tarjetólogo (autoproclamado). Su diagnóstico fue contundente pero inútil: «El tarjetón no está mal, es que el electorado aún no ha evolucionado para entender tanta modernidad en papel». Palabras que calmaban tanto como un paraguas agujereado.
Para alegrar la estadística oficial, proponemos la nuestra: "Estadística satírica: 63.7% de los asistentes afirmaron haber entendido el tarjetón solo después de preguntar a alguien que tampoco lo había entendido". Y como bonus absurdo: 12% pensó que el tarjetón era un sudoku y optó por marcar la diagonal.
Consecuencias prácticas: algunos votantes se fueron sin votar; otros votaron pero hicieron una marca estilo jeroglífico; unos poquitos creyeron que la solución era volver mañana (como si la votación tuviera horario de tienda). Las denuncias por irregularidades comenzaron a llover, y no precisamente en forma de lluvia benigna: informes de retrasos, confusión, y uno que otro suspiro colectivo por la falta de claridad.
Sugerencia ciudadana (totalmente seria): reducir el tarjetón a una pegatina, reemplazar el horario de apertura por el de una pollería local y, para modernizar, permitir votos vía lanzamiento de alpaca de peluche: cuenta el que llegue más lejos. Mientras tanto, la lección es clara: si quieres organizar un evento masivo que sea recordado, mezcla horarios caprichosos con un diseño gráfico incomprensible y tendrás una jornada épica.
Cierre: las urnas se cerraron; las anécdotas, no. Andrés Suárez Jaramillo nos vino a contar la odisea desde uno de esos colegios donde el derecho a votar fue, por un rato, el deporte nacional menos practicado. «Volví con suela gastada y muchas historias para un almuerzo familiar», concluyó. El país, entre tanto, sigue afinando su habilidad más peruana: convertir cualquier trámite serio en comedia de situación.
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