Energía marina alternativa: boyas inteligentes y hamacas que dejan atrás a las turbinas
Un sistema que 'simplifica' la captura de energía marina promete salvar el planeta y la billetera: boyas inteligentes, hamacas oceánicas y focas sindicalizadas.

Titular sensacional, tecnología sensacionalísima: presentan un «innovador» sistema para capturar energía marina que, según sus promotores, es más sencillo, más barato y más amable con el planeta que esas molestas turbinas que giran como ventiladores gigantes en la playa.
En la práctica —y aquí viene lo divertido— la nueva maravilla no es una torre de acero ni un monstruo con aspas: es una colección de boyas, hamacas y contratos de buena voluntad firmados con el océano. Se conecta todo con cables, sensores y una app que, prometen, te deja generar electricidad mientras tomas mate o haces siesta mirando el mar. Tecnología de punta, o por lo menos tecnología con buena actitud.
Los inventores (que usan chalecos salvavidas de diseñador) aseguran que el sistema es sostenible y económico. Ponen imágenes de delfines sonrientes y de abuelos pescando sin ruido de turbinas: el selfie perfecto para el informe anual. ¿La esencia? Si las turbinas son los roperos ruidosos del vecino, estas boyas son la frazadita hecha a mano que le pones al mar para que se porte bien.
«Esto es simple, elegante y hasta cierto punto poético —dijo el Dr. Pedro 'Mar' Macho, director del inexistente Instituto de Eficacia Mareal—. Básicamente le pedimos permiso al mar, le servimos un café y él accede a darnos luz». La cita, obviamente, fue tomada con una sonrisa y un flotador en forma de llama.
Estadística oficial (no muy oficial): según el Instituto de Hamacas Marinas, el sistema reduciría costos en 42,3% y aumentaría en 312% la cantidad de turistas que posan con las boyas en Instagram. Además, el 68% de las focas encuestadas se mostró «ligeramente interesada» en sindicalizarse si le pagan en sardinas.
Críticas no faltan: los amantes de las turbinas calificaron la innovación como "una solución para quien quiere que el mar parezca una postal, no una planta de energía". Los pescadores dijeron que mientras el sistema no les robe el mejor cebo, están dispuestos a probarlo. Y un grupo de surfistas pidió que, por favor, las boyas no se conviertan en zonas VIP para selfies y dejen espacio para los airs.
¿La moraleja? En tiempos en que salvar el planeta también es salvar la imagen corporativa, la energía marina se reinventa con hamacas y boyas. Si funciona, aplaudiremos y guardaremos las turbinas para los museos de arte industrial. Si no funciona, al menos tendremos muchas fotos bonitas y focas con pancartas.
Frase final para los economistas optimistas: según cálculos de la nueva app, cada kilovatio sale lo que cuesta una cerveza artesanal en la costa —y viene con playlist de olas incluida.
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