Eucaristía con presupuesto público: cuando el Estado decidió oficiar misa en Washington

Evento religioso en Washington financiado con fondos públicos sacude la separación Iglesia-Estado: funcionarios presentes, polémica e himnos en horas laborables.

Eucaristía con presupuesto público: cuando el Estado decidió oficiar misa en Washington

Washington vivió el pasado domingo un fenómeno que los historiadores tardarán en etiquetar: una ceremonia religiosa con cartelito "patrocinado por el contribuyente" y lineup de funcionarios VIP. El acto, financiado con dinero público (sí, ese mismo que llega tarde a las carreteras pero puntual para el sermón), encendió el debate sobre hasta qué punto la iglesia y el Estado comparten confesionario.

Para añadir sal a la sopa constitucional, entre los asistentes figuró el secretario de Defensa, Pete Hegseth, quien, según versiones no confirmadas por el Vaticano pero sí por un grupo de fieles con megáfono, llegó dispuesto a bendecir tanto almas como presupuestos. La escena fue conmovedora: uniforme, corbata y devoción; una trilogía que hace tiempo no se veía fuera de las novelas históricas.

Los organizadores insistieron en que era un acto "no denominacional" y solo un poco público, como quien dice "solo se usó el auditorio del Estado y medio presupuesto". Críticos afirmaron que la mezcla olía a conflicto de intereses; defensores respondieron que la mezcla olía a incienso gratis. Ambos bandos perdieron la compostura, pero no el sentido del humor.

Un experto local en ceremonial político, el profesor Emilio Santo-Oficio (doctor honoris causa en resolver incómodas coincidencias), aseguró: "Lo importante es que la liturgia y la logística estén separadas... salvo los micrófonos, que siempre van juntos". La frase, tuitiada por cien bots y retuiteada por dos monjas, se convirtió en trending topic por accidente.

Datos que nadie pidió: una encuesta ficticia del Instituto Nacional de Lo Obvio reveló que el 63.7% de los consultados cree que la próxima vez el Estado debería ofrecer estampitas con logo gubernamental. Otro 12% dijo que preferiría que los himnos se interpretaran con banda militar, y el restante 24.3% solo acudió por las galletas al final del acto.

Las consecuencias prácticas ya se ven en el horizonte: en la próxima sesión del parlamento suenan sospechosamente himnos de fondo, y en el ministerio más cercano se rumorea que instalarán un confesionario en la sala de juntas "para mejorar la transparencia". Mientras tanto, la Constitución y el sentido común discuten quién pone las velas.

Si alguien esperaba una decisión clara sobre la separación Iglesia-Estado, se le aconseja esperar el boletín oficial o consultar al conserje de la Catedral-Oficina, que por ahora atiende ambos puestos. En Washington, al parecer, la división de poderes ahora incluye la sección de música coral.

"Al fin y al cabo", concluyó un asistente anónimo, "si el Estado paga la orquesta, yo solo espero que al menos la acústica sea decente". Y mientras el país debate si reembolsar el incienso, los protagonistas ya planean la segunda edición: esta vez con procesión, guardia militar y, por si acaso, formulario para deducción fiscal.

Publicado en: 18 de mayo de 2026, 11:30

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