Fallece a los 73 años compositor y artesano de la dinastía del folclor caribeño: adiós al último fabricante oficial de ritmos

El gran compositor y artesano de una dinastía del folclor caribeño murió a los 73. Una vida de tambores, arreglos y herencias que ahora buscan su playlist.

Fallece a los 73 años compositor y artesano de la dinastía del folclor caribeño: adiós al último fabricante oficial de ritmos

Titular provocador: El último artesano de la dinastía folclórica se fue a los 73 y dejó más tambores que herederos

Lead satírico: Murió a los 73 años —qué número, qué ritmo— y con él se llevaron la receta secreta del golpe perfecto en la conga, la leyenda de la abuela que afinaba con curry y media docena de instrumentos que nadie puede pronunciar sin llamar primero a Google. La dinastía del folclor caribeño pierde a uno de sus miembros oficiales; el mercado de souvenirs gana materia prima para 14 vitrinas y una línea de mugs con su cara sonriente.

Era compositor, artesano y, según fuentes no tan confiables como su cuñado, inventor de ritmos capaces de hacer bailar hasta a las plantas. Perteneciente a una de esas dinastías del folclor que se transmiten por sangre, por oído y por WhatsApp de familia, se fue dejando detrás una estirpe de teclas, tambores y, sobre todo, contratos pendientes con festivales que ahora intentan decidir si le hacen un homenaje o le piensan cobrar el espacio publicitario.

En vida forjó instrumentos; en muerte se convertirán en objetos de culto, mesas de centro y, por supuesto, NFTs. Ya se rumorea que su taller será reciclado como café temático: "El Rincón del Arreglo", donde los baristas tocarán ritmos mientras sirven cappuccinos con crema de coco. El turismo cultural promete tours que incluyan la foto obligatoria junto al yunque donde se afinaban los arreglos. Porque si no existe en Instagram, ¿existió realmente?

Las instituciones tampoco pierden la oportunidad para su clásica coreografía: el Ministerio de Cultura actualizó su avatar en redes por 24 horas, tres alcaldías anunciaron calles en su nombre (aunque luego preguntaron cuánto cuesta) y una fundación propuso convertir su último cuaderno de partituras en patrimonio intangible del Estado para evitar que alguien lo use como posavasos.

Cita absurda del día: “Si lo embalsamaran, yo lo pondría a sonar un sábado por la noche y cobraría entrada”, declaró un supuesto especialista en lutos rentables, quien además afirmó que la tasa de consumo de guarniciones aumentó un 200% cuando su música sonó en la cocina.

Estadística ridícula (pero oficial en el sentido de «lo acabo de inventar»): 73% de los DJs urbanos consultados aseguró que a partir de hoy mezclarán su set con un solo de maracas artesanales; 47% lo dijo sin saber qué son las maracas.

Conclusión irónica: Se fue un artesano de la melodía y el oficio, pero lo cierto es que su legado —esa mezcla de ritmo, manos y receta familiar— ya circula como versión deluxe: remixes, memes, tazas y algún que otro nieto que abrirá una cuenta en Spotify para cobrar regalías. Que descanse en paz... y que no le falte Wi‑Fi en el más allá, porque si algo nos enseñó su dinastía es que incluso los espíritus deben seguir la playlist.

Publicado en: 17 de julio de 2026, 8:10

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