Fiesta del Santo: devotos, no devotos y la pachanga que ni el clima pudo detener

La fiesta del santo no se cancela: devotos y no devotos, música, comida y milagritos de último minuto. Un festival donde la fe compite con la pachanga.

Fiesta del Santo: devotos, no devotos y la pachanga que ni el clima pudo detener

TITULAR: EL SANTO PIDIÓ MICRÓFONO Y LA MULTITUD RESPONDIÓ CON UNA CAJITA RONDA

Lead: Nada pudo impedir la celebración: los devotos llevaron velas y promesas, los no tan devotos llevaron ganas de bailar y media botella. Al final todos coincidieron en una cosa —si hay feria, hay fe (y si hay fe, mejor con ceviche).

La procesión arrancó puntual como reloj suizo... si ese reloj se hubiera comprado en la feria. Entre rezos, melodías sacras y canciones con más bajo, los asistentes demostraron que la devoción y el descontrol pueden coexistir en perfecta armonía acústica.

Los comerciantes locales reportaron ventas récord de todo: desde estampitas milagrosas hasta sombreros fluorescentes con luz LED (edición limitada: bendecidos por el curandero del barrio). Los puestos de comida ofrecían menú dual: menú del penitente (arroz, sopa y arrepentimiento) y menú del fiestero (anticuchos, cerveza y promesas de dieta para el lunes).

Un testigo ocular —autoidentificado como “miembro honorario del comité de volantes”— aseguró que vio a tres generaciones rezando y a otras tres generaciones intentando tomarse la mejor selfie con el santo. “Hubo quien ofreció voto de silencio, pero después apareció la guitarra eléctrica”, confesó con la gravedad que da la risa.

Según el flamante Instituto Nacional de Estadísticas Festivas (INEF, creado ayer en una caseta de chicha), el 87,3% de los asistentes afirmó haber venido por la tradición, mientras que el 12,7% lo hizo por el puesto de anticuchos. El 0,0% negó haber venido por la comida, cifra que el INEF calificó de “sospechosamente honesta”.

Cita absurda del día: “El santo estuvo impecable, se contagió del ritmo y casi pide autógrafos”, dijo un supuesto experto en liturgias y playlists, que juró no ser DJ pero que llevaba audífonos en el cuello.

Consecuencias previsibles: se registraron milagritos menores como: curaciones temporales de malhumor, apariciones de sobrantes de pan y el milagro supremo —todos olvidaron por unas horas las redes sociales y hablaron en persona. Los organizadores, modestos como siempre, prometieron que el próximo año habrá más velas, más música y, por pedido popular, un servicio de taxis bautizados.

Conclusión (no oficial): Cuando la fe se mezcla con la pachanga, nacen historias épicas que los abuelos contarán como “cuando el santo hizo el twerking”. Y si alguien pregunta si fue escandaloso: depende de si tu idea de escándalo incluye una banda de viento y un puesto de emoliente con sombrillas fluorescentes.

Estadística final para cerrar con broche de oro: 100% de asistentes declaró sentirse espiritual y con hambre al mismo tiempo. El santo, por su parte, aún no responde a nuestras llamadas, pero aceptamos que nos mande señal por paloma mensajera o WhatsApp.

Publicado en: 19 de marzo de 2026, 12:10

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