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Escapada en moto termina en choque y fracturas: destino, un carro juguetón y la ley del karma se unen para enseñarle a los fugitivos cómo no huir en vivo.

Fuga en moto, accidente y lecciones de física: la comedia que nadie pidió
En un episodio digno de telenovela barata y sketch de humor negro, una motocicleta que servía de vehículo de escape para dos personajes con menos suerte que sentido común fue impactada por un automóvil y el resultado fue el clásico: uno herido con fracturas y el otro con la autoestima en la banqueta.
La escena, según testigos que ya se preparaban para grabar el TikTok del día, fue simple y contundente: viento, ambición y mala estrategia se encontraron en la pista. La moto intentó la fuga; el vehículo —probablemente cansado de ser un simple decorado— decidió intervenir. Resultado: predominio de la gravedad, estadísticas de fracturas y risas irónicas del destino.
Los próceres de la huida, conocidos localmente como “el piloto improvisado” y su “cómplice con GPS sentimental”, ahora tienen tiempo para reflexionar mientras esperan curitas, yesos y el recibimiento de la ley. Fuentes no oficiales (es decir, llamados de amigos que nunca se presentaron en la comisaría) aseguran que el plan incluía drama, velocidad y cero plan B.
Un supuesto vocero policial, que prefirió mantener el anonimato porque aún no ha aprendido a derramar lágrimas dramáticas en entrevistas, resumió: “Huyeron como en las películas, pero sin guion ni dobles. El choque puso fin a la escena; las fracturas se llevaron el papel protagónico”.
Cita de experto totalmente acreditado por la barra de bar del barrio: "Si vas a huir, por lo menos consigue una moto que no tenga sueños de convertirse en parachoques" — dijo el Dr. Segundo Malabar, PhD en Malas Decisiones Aplicadas.
Estadística absurda del día: según la ficticia Sociedad Peruana de Evasiones Mal Ejecutadas, 73.4% de los intentos de escape en motocicleta terminan con al menos una fractura y un meme viral. La misma entidad recomienda llevar casco, planear la ruta y, de ser posible, evitar ser protagonista de tu propio tuit de captura.
En conclusión: la moto aprendió que la ley de la calle es implacable, el carro descubrió que tiene vocación justiciera, y los involucrados aprendieron —a golpes y yesos— que la creatividad criminal no sustituye a la prudencia. La moraleja no es nueva: si vas a correr, procura ser más listo que el tráfico... o al menos más listo que el karma automovilístico.
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