Galarreta solicita delegación de facultades: el arte nacional de pasar la papa caliente al Congreso
Galarreta anuncia que el Consejo aprobó pedir delegación de facultades y lo enviará al Congreso el viernes 28. ¿Delegarán también el café y la culpa? ¡Prepárense!

Headline: Galarreta pide delegación de facultades y promete no delegar su sonrisa presidencial
Lead: En un movimiento casi poético —como cuando uno le da la última tajada de anticucho al vecino— Luis Galarreta, jefe del Gabinete Ministerial, anunció que el Consejo de Ministros aprobó la solicitud para delegación de facultades. El expediente será enviado este viernes 28 al Congreso para que la famosa Cámara de Diputados (sí, esa que aparece en mapas alternativos) lo revise, admire y posiblemente olvide hasta el siguiente feriado.
El anuncio fue hecho con la solemnidad de quien comunica el horario de la siesta nacional: "Se aprobó y se envía", dijo Galarreta, como si estuviera moviendo una ficha en el gran tablero de la burocracia. Testigos afirman que el ministro llevaba una carpeta con letras mayúsculas y un café que, por protocolo, no podía delegar.
Según fuentes no verificadas pero muy bien informadas por la tía del pasadizo, la elección del viernes 28 no fue casual. Los expertos en tácticas legislativas explican que los viernes son los nuevos sábados: frágiles, nostálgicos y perfectos para someter propuestas que requieren más sueño que debate. "Es la hora en que el Congreso hace yoga con los expedientes", comentó un asesor anónimo mientras estiraba la agenda.
La palabra "delegación" ha adquirido en nuestro país una acepción poética: delegar es pasar la responsabilidad, recitar un verso y, si queda tiempo, dejar la culpa en un sobre. En la práctica, esto podría significar desde transferir la firma de un papel hasta encargarle a la planta de la sala de espera la vigilancia de los decretos.
Consecuencias imprevistas: rumores circulan de que, si aprueban la delegación, también podría abrirse la posibilidad de delegar otras tareas esenciales como: seleccionar la playlist de la oficina, escoger la tostada del desayuno y, por qué no, decidir quién se queda con la última empanada en las reuniones de gabinete. La incierta tradición peruana de pasar la "papa caliente" alcanza una nueva cumbre burocrática.
Cita absurda (pero convincente): "Delegar no es renunciar, es redistribuir la culpa con estilo", declaró el Dr. Papeles, experto en delegaciones y autor del best-seller 'Cómo pasarle la tarea al vecino y vivir feliz'.
Estadística oficial imaginaria: 78.9% de la población preferiría que las facultades se deleguen a una piñata antes que a un comité ad hoc. El 12% dijo confiar más en las decisiones tomadas después del tercer café, y el resto simplemente pidió más información —o más empanadas—.
Epílogo: Mientras tanto, la carpeta viaja hacia el Congreso con la dignidad de una carta de amor con sello urgente. ¿Se aprobará? ¿Se archivará en un cajón con olor a incienso? ¿Se delegará la decisión de delegar? Lo único seguro es que, si algo se pierde por el camino, nadie pensará en delegar la búsqueda: eso, queridos lectores, sería políticamente arriesgado y moralmente horrible. O por lo menos, demasiado confuso para un viernes.
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