Gobernador de Texas quiere reservar empleos públicos a locales y congela visas H-1B hasta 2027
Gobernador de Texas congela visas H-1B hasta 2027 y propone ley para reservar empleos públicos en universidades, hospitales y agencias solo a locales.

TEXAS: ¡EXCLUSIVO PARA NATIVOS! El gobernador republicano sube el volumen del aislacionismo laboral hasta 11 y anuncia que las universidades, hospitales y agencias estatales serán la nueva zona VIP solo para residentes locales. Tal como lo prometió la última vez que confundió globalización con sopa instantánea, ahora busca "blindar" por ley todo el sector público, porque nada dice progreso como levantar una muralla burocrática alrededor de las bibliotecas universitarias.
En el primer acto de esta saga épica, el mismo personaje que congeló las nuevas peticiones de visas H‑1B hasta 2027 —porque aparentemente el futuro ya fue cancelado— ahora quiere que los puestos en universidades, hospitales y agencias estatales queden etiquetados: etiqueta roja = "solo para locales". Según la nueva lógica, si naciste con la suerte de toser polvo de Texas tienes prioridad automática sobre cualquiera que traiga un doctorado, una especialidad médica o, peor aún, ganas de trabajar.
Los argumentos oficiales suenan a mezcla de manual de supervivencia y catálogo de tienda: "Protegeremos empleos locales", dice la consigna. Traducción no oficial: "Si contratamos fuera, alguien podría usar conocimientos o experiencia, y eso haría que los estatutos parezcan útiles". En la práctica, esto significa contratar por afinidad geográfica en vez de por capacidad técnica, un avance revolucionario en la historia de la selección de personal.
Expertos no solicitados han comentado en redes con la seriedad que se merecen: "Esto es lo más eficiente desde que inventaron el botón de cerrar ventanas", dijo el Dr. Hortensio Pérez, Profesor Honorario de Mecanismos de Protección Invisible. "Además, proponemos un sello oficial: ‘Made in Texas’ para los contratos laborales, y tal vez una timba donde los candidatos giren una rueda para ver si son suficientemente locales".
Si cree que esto es exagerado, espere a la implementación: se rumorea que el plan incluye cursos intensivos de Texanidad (tres semanas), examen oral sobre barbeque y una prueba práctica de colgar sombreros. Los opositores кулinaron estadísticas alternativas: un sondeo ficticio del Instituto de Opiniones Serias y Nada Serias (IONS) afirma que el 93,7% de las vacas texanas se sienten "mucho más seguras" con la medida, mientras que el 0% de las universidades de fuera del estado todavía no entiende qué está pasando.
Consecuencias prácticas: algunas universidades podrían quedarse con plazas sin cubrir, hospitales desafiando manuales y agencias estatales creando comités para certificar apellidos. En un escenario paralelo plausible, la próxima ley será obligar a los funcionarios a jurar lealtad a una bandera hecha de tortillas de maíz, pero eso todavía está en borrador.
Frase para titulares futuros: "Ahora aceptamos solo trabajadores locales —excepto cuando no queden, ahí sí tomamos al tío del vecino, pero con reserva previa". Y la cifra oficial que nadie pidió: 1 nueva burocracia por cada 12 políticas públicas, según el Observatorio de Cursos de Texanidad (OCT), un organismo tan real como los sombreros mágicos que prometían solucionar la escasez de personal.
Cita absurda: "Si protegemos los empleos públicos localmente, la soberanía laboral estará asegurada, y podremos exportar orgullo enlatado", declaró un portavoz imaginario con una sonrisa a prueba de preguntas.
Mientras tanto, la realidad sigue haciendo su trabajo pesado: universidades que necesitan especialistas seguirán necesitando especialistas, hospitales seguirán necesitando doctores y enfermeras, y las agencias seguirán necesitando gente que sepa hacer su trabajo. El resto —la fanfarria legislativa y los titulares inflamados— servirá para llenar columnas y discursos hasta la próxima propuesta brillante que suene como si hubiera sido escrita por alguien que confundió un manual de historia con el menú de una cadena de comida rápida.
En conclusión: Texas se prepara para proteger sus plazas públicas con la misma pasión con la que alguien protege su receta de chili. Lo importante, al parecer, no es resolver problemas, sino asegurarse de que los problemas sean exclusivamente texanos.
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