Gran Pasacalle en Lima: 8.500 danzantes y 80 agrupaciones rinden homenaje a la Virgen de la Candelaria
8,500 danzantes de 80 agrupaciones inundaron Lima en un Gran Pasacalle en honor a la Virgen de la Candelaria: música, colores, pasos imposibles y caos festivo.
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LIMA SE VISTIÓ DE FIESTA (Y DE CONFETI): 8.500 ZAPATILLAS EN MARCHA
Este domingo la Municipalidad Metropolitana de Lima decidió, sin pedir permiso al tráfico ni a la serenidad de los taxistas, transformar la capital en una pasarela folklórica. Más de 8,500 danzantes de 80 agrupaciones desfilaron en el Gran Pasacalle en homenaje a la Santísima Virgen de la Candelaria, Santa Patrona de Puno, demostrando que cuando se ponen de acuerdo la coreografía y la logística municipal, hasta los semáforos se ponen a bailar.
La escena fue digna de un videoclip dirigido por un director con demasiado brillo en los ojos: tunas, sombreros, chalinas y un coral de zapatillas que aparentemente tenían convenio colectivo. La Municipalidad, que por un día mutó a «Secretaría de Confeti y Coordinación de Taconeos», sacó su mejor arma: la megafonía con eco para que ni el último mosquito en La Victoria se perdiera el paso.
El Gran Pasacalle no solo fue una ofrenda religiosa, sino también un ensayo masivo de cooperación ciudadana. Los policías aprendieron pasos sincronizados (aunque todavía confunden cumbia con huayno), los choferes de combi obtuvieron un curso exprés de etiqueta folklórica y los pájaros del centro histórico actualizaron su playlist. Los peatones que no sabían bailar terminaron practicando el tradicional paso «esquiva-cable» y aplaudiendo con entusiasmo administrativo.
Cita del día (inventada y con mucho sabor a chancho al palo): "Si la Virgen tuviera Instagram tendría más seguidores que la Municipalidad", declaró el Dr. Hipólito Zapata, experto en confeti y danzas patrimoniales. "Además, 9 de cada 10 danzantes confirmaron que movieron más calorías que un funcionario en reunión de tres horas".
Estadística absolutamente oficial y no verificada: según el Instituto Imaginario de Estadísticas Festivas, el 97.3% de los danzantes consideró que las veredas de Lima eran una pista VIP, el 65% afirmó haber dejado su alma en la avenida y el 0.001% solicitó asilo político para su sombrero ante tanto viento.
Conclusión: la Virgen de la Candelaria viajó simbólicamente hasta Lima y volvió a Puno con el pasaporte relleno de puro confeti emocional. La ciudad ganó una coreografía, los danzantes ganaron calle y el alcalde ganó modelos para su próxima campaña publicitaria (o al menos eso se rumorea entre los vendedores de anticuchos). En resumen: hubo arte, hubo fe y hubo tanto color que los semáforos pidieron vacaciones.
Dato curioso final: tres palomas fueron vistas practicando zapateo; el protocolo aún no confirma si se trata de una nueva agrupación folklórica o de una invasión de talento alado.
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