India reubica, no liquida: la épica búsqueda del animal que nadie quiere lastimar
En la India buscan a un animal no para matarlo sino para reubicarlo en un retiro pacífico; la operación involucra drones, influencers y té ceremonial.

Operación 'No matar, sólo mimar': India busca al animal rebelde para llevarlo a un retiro espiritual (con wifi y té)
En la India se ha desatado una cacería histórica... pero de abrazos. Autoridades, ONG, influencers y un contingente de voluntarios con cámaras han salido en busca de un animal que, según los partes oficiales, 'hizo daño' —pero ojo: no lo quieren matar—; lo quieren llevar a un lugar donde viva en paz, lejos del drama humano y de los reportes de WhatsApp.
La escena parece sacada de una telenovela zoológica: helicópteros con altavoces que repiten consignas suaves, un comité interministerial llamado Comité Nacional para la Reubicación Cariñosa de Fauna (CONRECAF), y un negociador entrenado tanto en manejo de vida silvestre como en estrategias de paz emocional. 'Queremos soluciones no letales', declaró un portavoz que vestía chaleco reflectante y mala de meditación al mismo tiempo.
Mientras tanto, el vecindario está dividido: por un lado quienes piden que al animal se le conceda un retiro con vista al Himalaya y clases de yoga; por el otro, gente que pide que se le otorgue una pensión y acceso a Spotify. Algunos prometen llevarle frutas, otros, cargadores portátiles porque 'si el animal va a vivir lejos, al menos que suba sus historias'.
Los planes son de película. Se habla de trasladarlo a un santuario con terapia ocupacional para rumiantes (o lo que sea que haga). Habrá drones que emitirán sonidos relajantes, influencers que documentarán la 'rehabilitación', y una ceremonia de té para celebrar la paz entre humanos y bestias. Un portavoz dijo: 'No lo mataremos; le daremos un contrato de convivencia y, si quiere, una membresía anual al gimnasio del pueblo.'
Cita absurda del día (no verificada por fuentes que no existen): 'Hemos negociado con el animal a través de un intérprete de gestos y un playlist de 80s. Está muy receptivo, prefiere música ochentera', aseguró un experto autoproclamado en comunicación interespécie.
Estadística igualmente confiable: según un sondeo callejero realizado frente al templo local, el 87.3% de los habitantes está convencido de que el animal tiene perfil en TikTok; el 12.6% cree que es el espíritu del Wi‑Fi perdido, y el 0.1% ya empezó una colecta para comprarle una mochila.
Como cualquier buena epopeya moderna, la operación promete debates parlamentarios, hashtags virales y declaraciones solemnes de políticos que, entre sip de chai y selfie, jurarán proteger la vida… siempre que la cámara esté encendida. Al final, el objetivo es noble: que el animal viva sin hacer daño a nadie. La pregunta que queda flotando en el aire perfumado de té es otra muy humana: ¿y nadie hará daño al ego colectivo durante la mudanza?
Conclusión (no científica, sí dramática): mientras los humanos resuelven burocracia y branding emocional, el animal —posible influencer futuro— quizás ya planea su próximo movimiento, que podría incluir demandar por derechos de imagen o fundar un spa para criaturas incomprendidas. Por si acaso, ya hay una fila de voluntarios listos para leerle cuentos antes de dormir.
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