Jeri, reuniones fantasma y el empresariado 'alérgico' a la censura

Después de las reuniones no registradas de Jeri, los grandes empresarios temen la 'censura'... siempre que no les quite contratos, almuerzos o selfies.

Jeri, reuniones fantasma y el empresariado 'alérgico' a la censura

En el último CADE se encendieron las alarmas: Ipsos dijo que la corrupción era la pesadilla número uno de los empresarios. Resultado lógico: la alarma sonó, la gente aplaudió y luego todos se fueron a desayunar como si nada. Porque cuando el presidente José Jeri protagoniza reuniones "no registradas" con un empresario chino, el drama es solo una leve molestia estomacal que se cura con café y distracción corporativa.

Los principales grupos económicos, esos héroes del exceso y la prudencia simultánea, demostraron su asombrosa habilidad para practicar el noble arte de no respaldar una censura. Algunos la evitaron con la misma delicadeza con la que uno evita dar la última empanada en una junta: mirada solemne, manos limpias y silencio de fábrica. Otros, con ese coraje tan fiable como un contrato a plazo fijo, directamente la rechazaron. Motivo: “riesgo de interruptor social”, “incompatibilidad con el menú ejecutivo” o la clásica frase de cajón: “ya veremos”.

La escena fue de manual: encuesta pública que dice “la corrupción preocupa”, reunión privada sin registro que provoca sospechas, y el empresariado se pone de perfil como quien se quita la mancha de café de la camisa con disimulo. Nadie quiere estar en la foto de la censura; las fotos con Jeri, eso sí, se guardan en la carpeta "eventos importantes" junto a las boletas del almuerzo y las tarjetas de presentación.

Expertos imaginarios del Instituto Nacional de Hipocresía Corporativa (INHC) han explicado la conducta con cifras contundentes: “El 83.9% de los ejecutivos encuestados dice temer a la censura, pero el 96.4% admite temer más a perder contratos, contratos de publicidad y reservas en restaurantes”, declaró el profesor Don Apacible, en un seminario que incluyó coffee break y foto grupal.

Las consecuencias, según analistas de sillón y pasillo, son claras: la corrupción sigue figurando en la lista de preocupaciones, pero la censura tiene mala prensa entre quienes todavía odian perder el acceso a la cocina presidencial. Algunos corporativos preferirían hasta un servicio de streaming con todas las reuniones en diferido antes que marcar su posición en público.

Pequeño dato absurdo para cerrar: un sondeo realizado en la sala VIP del aeropuerto descubrió que el 72% de los empresarios estaría dispuesto a respaldar una censura si esta viniera acompañada de desayuno buffet y un cupo preferencial para eventos. ¡No hay convicción que resista un buen pan con chicharrón!

“Si la censura viene con pisco sour y entradas para la cena anual, la votamos mañana mismo”, confesó, con sonrisa programada, un ejecutivo que pidió no ser identificado porque estaba ocupando la última silla reclinable del lounge.

Conclusión: la preocupación por la corrupción es real y sonada en encuestas; la reacción ante reuniones sin registro es un elegante juego de teatro corporativo donde nadie se moja —salvo el mantel del almuerzo—. Mientras tanto, Jeri sigue reuniéndose en modo fantasma y los grandes grupos siguen demostrando su talento para la contorsión ética. La moral pública a veces se parece a un traje a la medida: bonito hasta que toca la cintura del beneficio.

Cita inventada para título: “Somos solidarios con la transparencia, pero con moderación y buen catering”, afirmó un CEO que aseguró tener el corazón en la CD y la billetera en la nube.

Publicado en: 22 de enero de 2026, 10:10

Regresar


Comparte esta noticia en:

WhatsApp Facebook TikTok