Ley de Organizaciones Políticas: 531.412 firmas de adherentes y 24.800 afiliados

La Ley exige 531.412 firmas de adherentes y 24.800 de afiliados. Los partidos ahora organizan ferias, apps y agencias de turismo burocrático para coleccionarlas.

Ley de Organizaciones Políticas: 531.412 firmas de adherentes y 24.800 afiliados

EL GRAN MERCADO DE LAS FIRMAS: 531.412 ADHERENTES Y UN DESFILE DE 24.800 AFILIADOS

La Ley de Organizaciones Políticas, en su sabiduría infinita y afición por los puzzles demográficos, exige que todo partido que quiera existir en la vida real presente 531.412 firmas de adherentes y 24.800 de afiliados. Sí, leyó bien: medio millón y pico de gente que dice "me gusta" sin necesidad de dar like en Facebook.

En la práctica esto ya parece menos una norma democrática y más un reality show de supervivencia. Los partidos han pasado de prometer cambios a organizar maratones de firmas, ferias dominicales con música, puestos de tamales y el imprescindible stand: "Adherentes para llevar".

Se han abierto nuevas industrias: apps que prometen "adherentes en 72 horas", agencias de turismo burocrático que ofrecen paquetes todo incluido (traslado + bolígrafo + testigo crédulo) y hasta granjas de firmas, donde supuestamente unos señores alimentan a firmas con leche y pan.

— "Nosotros vendemos paquetes de 50 adherentes: ideal para partidos con prisa y poca paciencia", comenta un emprendedor local que pidió quedar en el anonimato, porque las buenas prácticas legales todavía no son rentables.

Estadística absurda pero verídicamente inútil: según un sondeo no homologado por el Instituto Nacional de Papeleo (INP), el 42% de las firmas provienen de primos, el 27% de tíos que firman por costumbre, el 15% de mascotas cuyo dueño olvidó borrar el nombre, y el 16% restante son firmas hechas con sombra de DNI. Resultado: hay más adherentes firmantes que gente realmente interesada en la política.

La imaginación de los partidos no tiene límites: se reportan ceremonias de juramento en parques, concursos de selfies con firmas y hasta alianzas estratégicas con juntas de vecinos: "Si tú me firmas, yo te invito empanada", prometen algunos candidatos con el carisma de vendedor de feria.

Los defensores de la ley aseguran que la rigurosidad evita que un pulpo o una piedra armen un movimiento político. Los escépticos responden que la barrera es tan alta que parece diseñada para evitar que la democracia se convierta en deporte popular. Resultado neto: mientras nacen nuevos oficios para fabricar adherentes, la gente común piensa en dos cosas principalmente: dónde guardar tantos formularios y qué hacer si un día de repente su perro aparece como afiliado de un partido político.

Conclusión (no oficial): si quiere fundar un partido hoy, necesitará un buen equipo de logística, un sentido del humor a prueba de papeleo y, preferiblemente, un ejército de abuelos dispuestos a firmar con cariño. Y si todo falla, siempre queda la opción más moderna: cambiar la ley o inventar un partido llamado "Partido de los 531.412 Amigos Imaginarios". Al menos eso tendría buena campaña en redes.

Publicado en: 10 de febrero de 2026, 8:30

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