Macbeth en Cusco: chullos, ponchos y traición pachamámica sacuden Sacsayhuamán

Macbeth llega a Cusco con chullos, brujas tejiendo ponchos y traición con aroma andino: Shakespeare se transforma en tragicomedia pachamámica y muy ruidosa.

Macbeth en Cusco: chullos, ponchos y traición pachamámica sacuden Sacsayhuamán

Titular totalmente no sospechoso de sacrilegio teatral: ¡Shakespeare llegó a Cusco y se puso un chullo!

En un giro dramático que nadie pidió pero todos celebran con una Inca Kola, la clásica tragedia Macbeth aterrizó en plena ciudad imperial vestida de lana de alpaca, perfume a pachamanca y coreografías que respetan —más o menos— el libreto original. Los actores y actrices cusqueños protagonizan esta versión donde los asesinatos vienen acompañados de coro de zampoñas y los soliloquios ahora incluyen consejos para conservar la quinua.

El montaje promete ser fiel a Shakespeare “en el 70% del tiempo”, según una aclaración del director justo antes de subir al escenario con un poncho rojo. Las brujas no son tres sino una cooperativa textil; en vez de calderos hierven ollas de sopa de mote para calmar la ansiedad de Macbeth. Las profecías se leen en hojas de coca con subtítulos en quechua y castellano (y, por si acaso, en emojis).

Los decorados aprovechan la geografía: Sacsayhuamán hace de castillo, las ruinas hacen de telón y cada vez que Macbeth entra en escena suena un murmullo colectivo que algunos atribuyen al viento y otros a turistas que todavía buscan la entrada al baño.

Una madre en la platea resumió el fenómeno: «Mi hijo nunca entendió a Shakespeare, pero ahora me pide que le compre un chullo y ya sabe lo que es una traición». El director, en declaraciones que probablemente estarán enmarcadas junto a la entrada, dijo: «Si Shakespeare hubiera probado la sopa de quinua comprendería la profundidad de nuestras emociones».

Dato serio (o casi): según una encuesta hecha por la productora en su grupo de WhatsApp, el 92% de las llamas que paseaban por la explanada aplaudieron de pie; el 8% restante no, porque estaban ocupadas comiendo stickers de souvenirs.

Crítica de la obra: hay drama, hay fechorías, hay sangre teatral disimulada con ají amarillo y hay un final que algunos jurarían que se inventó sobre la marcha cuando la luna salió entre las piedras. Lo que no falta es orgullo local: esta Macbeth no solo adapta el texto, lo pachamama-iza, lo chulliza y lo pone a bailar huayno.

Conclusión breve y sensata (opinión absolutamente objetiva): si quiere ver a Macbeth con más lana que intriga, con más poncho que política y con más brujas emprendedoras que maldiciones, vaya a Cusco. Y si no le interesa Shakespeare, igual vaya: se come bien y la entrada viene con una sonrisa fotogénica para Instagram.

Cita falsa pero convincente: «Nunca pensé que ver a Macbeth con chullo me haría entender mejor mis propias traiciones», confesó una espectadora anónima mientras buscaba señal para subir la foto.

Estadística absurda final para la posteridad: 1 de cada 3 espectadores sale inspirado para escribir su propia tragedia; los otros 2 abren una cuenta de TikTok para enseñar cómo ponerse un poncho en 10 segundos.

Publicado en: 10 de marzo de 2026, 10:10

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