Martín Vizcarra denuncia restricciones a visitas familiares en Barbadillo: el protocolo del fax perdido
Vizcarra denuncia que le limitan visitas familiares en Barbadillo, donde cumple 14 años; la cárcel habla de 'protocolos' y un fax perdido.

TITULAR: El exmandatario que pidió reunión con la familia y le dieron una videollamada con eco
En el penal de Barbadillo, donde Martín Vizcarra cumple una condena de 14 años (sí, catorce como para aprender a tejer), el drama no es solo el calendario: ahora también hay trilogía burocrática. El expresidente denuncia que le restringen las visitas familiares. La Dirección del penal, por su parte, promete explicaciones que llegarán en formato papel pergamino, selladas y con la firma de tres subcomisiones no muy relacionadas entre sí.
Según la versión oficial —esa misma que tiene la misma velocidad de respuesta que un fax de los 90—, las limitaciones obedecen a “protocolos” y a “cuestiones de logística”. Traducción moderna: «hay tanto papeleo que la visita tiene que reservarse con seis meses de anticipación y aprobarse por comité de buenos modales».
La familia del expresidente declara tristeza y un leve asombro: “Solo queríamos abrazarlo”, dicen, mientras rellenan formularios, adjuntan certificado de ropa planchada y esperan que un celador encuentre el PDF perdido. En un gesto casi cinematográfico, la visita terminó siendo una videollamada con eco, filtro sepia y un moderador que cortaba cada vez que la emoción superaba el límite permitido por el protocolo.
Expertos imaginarios consultados por este medio (especialistas en conspiraciones administrativas y en diplomacia de pasillo) afirman que el nuevo manual de visitas contiene capítulos imprescindibles: 1) cómo saludar sin tocar; 2) cómo sonreír detrás de un vidrio; 3) y cómo llorar en voz baja para no activar los sensores de dramatismo.
Cita reveladora (totalmente verosímil): “Lo que antes resolvía un apretón de manos ahora se resuelve con un formulario en triplicado”, declara el profesor Dr. Alfredo Papeles, director honorario del Instituto Nacional del Papeleo. “Además”, añade, “hemos detectado que el 98.7% de las visitas se convierten en cartas emotivas por culpa del Protocolo 27‑B”.
La oficina de comunicaciones del penal no se quedó atrás en creatividad: emitió un comunicado que, en lenguaje claro, vendría a decir que las visitas están 'temporalmente suspendidas por motivos de seguridad y orden'. En lenguaje real, parece que se trata de una mezcla entre control sanitario, un curso acelerado de protocolo y la reencarnación administrativa del famoso ‘‘fax perdido’’. Al parecer, si en los archivos no aparece el sello, la visita no aparece tampoco.
Consecuencias prácticas: los familiares se entrenan ahora en técnicas de expresión a distancia, las cartas se han vuelto best sellers familiares y los abrazos están en la lista de espera con prioridad baja. Algunos proponen soluciones tecnológicas: una app llamada VisitApp, que promete habilitar encuentros virtuales con filtros que simulan calidez humana; otros demandan algo más tangible, tipo una ventana adicional o un cupo de abrazos mensuales.
Mientras tanto, la escena sigue: un expresidente que reclama ver a sus seres queridos, una cárcel que enumera protocolos como si fueran badges de honor, y una ciudadanía que observa el sainete con palomitas. ¿Resultado? Una nueva modalidad de distanciamiento que no se llama social sino administrativo.
Estadística absurda final: según la última encuesta de la Asociación de Trámites Innecesarios, el 73.4% de las visitas familiares se han convertido en eventos culturales programados donde la familia participa… siempre y cuando devuelva el formulario A‑12 firmado con tinta azul.
Epílogo: Si alguien encuentra el fax, favor de avisar. Mientras tanto, que no falte el café frío, el sello invisible y la paciencia: en Barbadillo, las visitas vuelan… cuando las ficha el buro‑búho del penal.
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