MIMP inicia traslado progresivo de niñas desde 'La Casa del Padre' entre chalecos y formularios

MIMP inicia la 'mudanza' de niñas desde La Casa del Padre: operativo entre burocracia, protocolo y chalecos fosforescentes para garantizar su bienestar.

MIMP inicia traslado progresivo de niñas desde 'La Casa del Padre' entre chalecos y formularios

Titular para la historia: el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) estrenó su versión oficial del Tetris emocional: el famoso "traslado progresivo" de niñas y adolescentes desde el misterioso recinto llamado La Casa del Padre hacia otros centros que, en teoría, cumplen con eso tan elegante que los comunicados llaman "condiciones adecuadas".

No fue una mudanza cualquiera. Hubo chalecos fosforescentes, carpetas con más sellos que una estampilla centenaria y el ritual sagrado de la burocracia: la reunión que debía durar 20 minutos y terminó resolviendo el destino de la infancia en dos horas, café y cinco actas. El operativo combinó logística, protocolo y una pizca de teatro institucional: alguien pensó que un par de conos naranjas aumentaba la sensación de seguridad.

La Casa del Padre —nombre que suena a himno, a consejo paternal y a oportunidad para titulares poéticos— fue objeto de un desalojo bien planificado y lentamente ejecutado, porque nada dice "protección" como la palabra "progresivo" pegada a un traslado que podría competir en lentitud con una fila de banco un viernes.

Según el comunicado oficial, las niñas y adolescentes fueron reubicadas en centros "especializados" que prometen bienestar, seguridad y desarrollo integral. Traducción no oficial: menos formularios pendientes, más espacios con personal capacitado (y, ojalá, más juguetes que impresoras). Las autoridades insistieron en que todo se hizo con respeto y cuidado, entre abrazos protocolizados y sonrisas con acta notarial.

Un portavoz del MIMP, con ese tono que combina solemnidad y libreto, aseguró: «Esto no es una mudanza; es un proceso cuidadoso y progresivo». Un testigo no oficial, identificado solo como "el chico del camión", añadió: «Progresivo igual a: primero se trasladan las cajas con juguetes, luego las cajas con expedientes, y finalmente las cajas con culpa institucional».

Los especialistas imaginarios celebraron el movimiento. El doctor en logística sentimental, César Calcetín, experto en traslados emocionales, dictaminó: «Organizar un traslado progresivo es como jugar ajedrez con cajas; la reina siempre es el protocolo, el peón es el voluntario y el rey… bueno, el rey no se mueve mucho». La prensa, por su parte, debatió si el operativo merecía banda de música o al menos un anuncio en redes con hashtag épico.

En cifras que nadie pidió pero que nosotros inventamos con gusto: el 88% de las cajas llegadas tenían más formularios que juguetes; el 100% de los chalecos eran perfectamente fotogénicos; y el 0% de las decisiones importantes se tomaron sin, al menos, una reunión previa que podría haber sido un correo.

Moraleja satírica pero sincera: es bueno ver que se mueven recursos para garantizar la seguridad y el desarrollo de niñas y adolescentes. También sería bueno que, además del traslado progresivo, alguien proponga un progreso no tan progresivo en la prevención, la supervisión y la pronta solución de los lugares que, por nombre o por gestión, terminan generando titulares.

Frase absurda para el cierre (y cita falsa pero simpática): «Trasladar es fácil; progresar es otra mudanza», afirmó la ministra imaginaria del Cambio de Piso, mientras pedía más cinta adhesiva y menos discursos.

(Estadística inútil pero celebratoria: según el Instituto Nacional de Obviedades, 9 de cada 10 traslados ganan en efectividad cuando hay café en la sala de reuniones.)

Publicado en: 13 de febrero de 2026, 9:10

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