Niños del Inabif invaden El Peruano y Andina: excursión al templo sagrado de la burocracia
Niñas y niños del Cedif Tahuantinsuyo y CRF El Ermitaño visitaron El Peruano y Andina; entre impresoras y sellos vieron el ritual del café burocrático.
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Titular inocente, consecuencias épicas: este viernes, las avanzadas tropas infantiles del Cedif Tahuantinsuyo y del CRF El Ermitaño —ambas dependencias del Inabif— realizaron la osada expedición hasta los sagrados recintos de El Peruano y la Agencia Andina. Objetivo declarado: conocer dónde se forja la solemnidad estatal. Objetivo real: tocar TODO lo que estuviera etiquetado como "oficial".
Los valientes visitantes descubrieron la impresora que, según testimonios no verificados, ha sobrevivido a tres gobiernos y a una tanda de boletas municipales. Los técnicos mostraron los sellos, esas pequeñas ruedas de poder que, con un giro, convierten un papel cualquiera en decreto, billete imaginario y, en opinión de los niños, en pegatina premium para la mochila.
En la sala de redacción de Andina los periodistas, que funcionan a base de café eterno y documentos con olor a historia, dejaron que los infantes observaran cómo se produce una noticia: muchos teclados, menos luz natural que en un sótano y una coreografía secreta de susurrantes "¿lo titulamos así o lo titulamos con más mayúsculas?". Un pequeño aspirante a reportero propuso titular una nota: "Gato del archivo se hace con sello y exige más ratones"; la propuesta fue recibida con la mezcla habitual de asombro y cálculo de impacto en redes.
Las demandas posteriores al tour incluyeron: una edición de El Peruano en tamaño bolsillo para llevar al recreo; legalizar la siesta en plenarios; y un ministerio exclusivo para repartir stickers oficiales. Un comité improvisado de tres niños y una señora que llevaba lentes (posible funcionaria) redactó un borrador que, según fuentes muy poco fiables, propone que todas las leyes vayan acompañadas de dibujos animados.
Estadística irrebatible de la jornada: 87,6% de las niñas y niños regresaron convencidos de que las noticias salen de una máquina que funciona con pegamento, sellos y un algoritmo secreto llamado "mamá aprueba". "Ahora sé que las leyes tienen sello y Wi‑Fi interno", declaró Ana, 8 años, conocida localmente por su ambición de ser "imprenta humana" cuando crezca.
Conclusión: la visita fue educativa, emotiva y con alto potencial revolucionario: si se enseña a los niños dónde se imprimen las cosas solemnes, el próximo gobierno podría estar formado por consejeros de educación primaria con impermeables estampados de sellos. Mientras tanto, los sellos se limpian, las máquinas siguen ronroneando y El Ermitaño ganó un ejército de nuevos lectores que exigen pegatinas con la firma del director.
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