Obras en geomallas: la epopeya municipal para salvar a conductores, ciclistas y peatones

Obras para recuperar geomallas deterioradas: la municipalidad promete reducir el riesgo a conductores, ciclistas y peatones con mucha pompa y poco drama.

Obras en geomallas: la epopeya municipal para salvar a conductores, ciclistas y peatones

Titular digno de telenovela: ¡La gran reparación de las geomallas!

En un acto de valentía civil (y de fotografía política), la municipalidad ha decidido emprender la gesta histórica de recuperar las geomallas deterioradas. Sí: esas telas misteriosas que nadie vio instalar pero que todos juramos haber esquivado con el auto, la bici o el zapato. El objetivo oficial es noble y sencillo: reducir el riesgo para conductores, ciclistas y peatones. El objetivo extraoficial: que no salgan en la próxima historia viral tropezando con la red que vigila nuestro pavimento.

Los trabajos, según el parte, incluirán inspección, reposición y, cuando la ocasión lo amerite, charlas motivacionales a las geomallas para que vuelvan a cumplir con su duty. Testigos afirman haber visto maquinaria pesada, obreros con chalecos fluorescentes y al menos una regidora practicando poses para la foto con casco que no le queda. La promesa municipal es clara: menos accidentes, más orden y selfies junto a la maquinaria.

«Hemos venido a domesticar las geomallas», declaró el auto-proclamado coordinador del proyecto, Ing. Alberto “Parche” Callao, ante la prensa. «Con una mezcla de resina, cariño y protocolo, estas redes renacerán como el Ave Fénix... o al menos como una alfombra decente».

Fuentes no tan oficiales agregan que algunas geomallas habían desarrollado personalidad propia y hacían huelga los viernes. Para abordarlo, el plan contempla retiro de material dañado, colocación de nuevas geomallas y una campaña educativa: “No le hables a la geomalla, arreglémosla”.

Estadística absurda (pero inspiradora): según el Instituto Nacional de Datos Improbables, el 73,2% de los accidentes causados por geomallas estaban relacionados con intentos de tomarse una foto artística. El 0.7% restante se atribuye a geomallas que practicaban psicomagia.

Los ciclistas, por su parte, reciben la noticia con la habitual mezcla de esperanza y cinismo que caracteriza a quien circula en dos ruedas. «Si esto significa no tener que esquivar redes que parecen decorado de feria, bienvenido sea», comentó una ciclista que prefirió no dar su nombre pero sí mostrar el mapa de riesgo con stickers de colores.

Los peatones, eternos protagonistas de crónicas de tropiezos, han pedido además bancas nuevas y sombras, pero la municipalidad ha dicho que primero las geomallas; las bancas están en la lista... número 342.

Conclusión: la ciudad se prepara para una era donde las geomallas volverán a ser geomallas y no trampas urbanas. Mientras tanto, recomendamos a conductores, ciclistas y peatones mantener la calma, el retrovisor limpio y el teléfono en modo observador. Y por si acaso, practicar la pose para la foto con la maquinaria: se rumorea que habrá premio al más creativo.

Cita final de bolsillo: «Si la geomalla se arregla, yo aprendo a aplaudir», — vecina optimista, experta en esperamos-que-sí.

(Advertencia satírica: no responsabilizamos a las geomallas por sentimientos heridos ni por chistes malos durante los trabajos.)

Publicado en: 23 de agosto de 2026, 14:10

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