Paucarpata monta la Pasión más épica de Arequipa: 150 actores, drama y milagros logísticos
Paucarpata presentó la Pasión de Cristo más grandiosa de Arequipa: 150 actores, efectos caseros, fervor comunitario y milagros logísticos que nadie esperaba.

Titular: Paucarpata hace cine religioso con presupuesto de feria
Lead: Paucarpata decidió que una Solemnidad era poca cosa y montó la «Vida, Pasión y Muerte de Jesucristo» en versión director's cut: más de 150 actores, coral afinada con entusiasmo y recursos creativos que harían sonrojar a Hollywood (si Hollywood usara ollas a presión como utilería).
Lo que empezó como un ensayo parroquial terminó convertido en la mayor producción teatral de Arequipa, según constatan quienes confundieron la fila para el estreno con la fila para una pollería popular. El grupo parroquial Jesús Nazareno desplegó a más de 150 feligreses-actores que, armados de santidad, dramatismo y alguna laca para cabello, recrearon los pasajes bíblicos con la pasión de quien vende libros de empanadas en la puerta del templo.
Escena por escena hubo detalles que pasaron de lo sacro a lo pintoresco: trajes tan elaborados que parecían salidos de un taller de reciclaje artístico, caballos que consideraron renunciar por razones sindicales y un Judas con más conflicto interno que la última telenovela del barrio. El director de la obra —un tal don Tadeo, que además es el vecino que presta escaleras— aseguró que la intención era «transportar al público al centro del misterio». Varios transportistas posteriores reportaron haber sentido el transporte.
Los efectos especiales fueron, en palabras llanas, artesanales: humo de incienso, cortes de luz dramáticos y un viento oportuno que cambió la dirección de varias capas en el momento cumbre. Según una «encuesta» realizada a la salida (o sea, a la señora que vendía choclo), el 98,7% de los asistentes afirmó haber experimentado una conmoción espiritual; el 1,3% restante buscaba el puesto de venta de refrescos.
Falso-quote (pero con convicción): «Nunca imaginé que mi suegra terminaría aplaudiendo al verdugo», dijo una espectadora entre sollozos y aplausos. «Si esto es teatro comunitario, el próximo año pedimos hasta efectos pirotécnicos», añadió con la serenidad de quien ya planea la segunda temporada.
Consecuencias inesperadas: tres gallinas, dos bicicletas y un kiosko se ofrecieron como extras voluntarios. La parroquia estudia ahora incluir en el siguiente montaje a personajes históricos locales y, por qué no, a un cameo sorpresa del alcalde (si sus asesores confirman disponibilidad y pago en anticuchos).
Moral del relato: la fe movediza no solo mueve montañas; en Paucarpata también mueve escenografías, voluntades y alguna que otra mesa de venta de tamales. Si creyó que lo había visto todo en la Semana Santa, espere la próxima edición: prometen tótems, coreografías y, según rumores, un himno que nadie olvidará porque lo tocarán cada domingo en la radio local.
Dato absurdo final: los organizadores reportan que la elaboración de vestuarios recicló exactamente 42 bolsas de plátanos —número que, por razones místicas, coincide con los panes vendidos después del espectáculo.
Cierre: Aplausos, fotografías y la sensación colectiva de haber asistido a algo entre lo sagrado y lo espectacular. En Paucarpata ya están pensando en la versión 2.0: acción, drama y quizá, para mantener la competitividad, un dragón simbólico.
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