Perú canta el Himno en Miami y desata ola de patriotismo (y ventas de banderitas)
Antes de Perú vs. Haití en Miami, el Himno Nacional provocó lágrimas, selfies, venta masiva de banderitas y un vendedor que juró haber visto a la patria en HD.

MIAMI — Cuando el reloj marcaba 'casi la hora en que el árbitro recuerda que hay un partido', el NU Stadium se transformó en el mayor karaoke patriótico fuera de Lima. Jugadores, hinchas y algún turista despistado que pensó que estaba en un concierto de salsa decidieron que lo importante, antes de 90 minutos, era afinar la garganta para el Himno Nacional.
Fue un momento emotivo: banderas ondeando como si fueran abanicos en oferta, lágrimas sinceras, lágrimas por el calor y selfies con la letra en la pantalla del celular. Un señor con sombrero de rafia juró haber visto la patria en 4K y otra señora afirmó que el himno le arregló el peinado. Emoción a flor de piel y venta de banderitas a cinco dólares: la libertad también tiene costo por unidad.
No faltó el vendedor multicursal que aprovechó la ocasión: pisco sour en vaso plástico, polos con la cara del capitán y una nueva línea de 'mini-banderitas para Instagram'. Como explicó un emprendedor local (a quien nadie le pidió opinión pero todos escucharon): "Si el himno te hace llorar, compra una banderita y conviértelo en recuerdo".
El ambiente fue tan intenso que, según la encuesta no científica hecha por un vendedor de hot dogs (encuesta, sombrero y tres encuestados), el 87.3% de los presentes soltó al menos una lágrima; el 9.6% confundió el estribillo con el jingle de un supermercado y el 0.4% se dedicó a buscar la letra en Google para confirmar que no había cambiado.
"El Himno es un booster emocional gratuito", aseguró el ficticio Dr. Juan Sínfonía, catedrático honorario en Patriotismo Aplicado. "Lo ideal es cantarlo con buena postura, respiración diafragmática y, preferiblemente, con una banderita en la mano para la foto final". Expertos imaginarios coinciden: la nacionalidad aumenta la calidad del selfie en un 132%.
El partido contra Haití, dicen, fue un trámite futbolístico tras tanta emoción; algunos jugadores hasta practicaron tiros libres con lágrimas en los ojos por si el balón también necesitaba sentir. Resultado final: el himno ganó por goleada en aplausos. Y en Miami, por unas horas, la blanquirroja no solo se cantó: se vendió, se fotografió y se celebró en talla souvenir.
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