Pistas peruanas: negligencia con pase VIP
Las pistas peruanas siguen coleccionando negligencias como álbum de fotos: agujeros, señales perdidas y funcionarios que creen que 'mantenimiento' es una app.
Titular: Pistas peruanas, el gran festival de la negligencia
Lead: En el país donde las señales de tránsito practican el desapego espiritual y los baches organizan fiestas clandestinas, la negligencia en las pistas asciende a rango nacional: ahora con derecho a alfombra roja.
Si pensabas que una pista era solo una carretera, error: es una pasarela de despropósitos. Entre hoyos que devoran autos como si fueran paparazis y semáforos que entran en huelga permanente para meditar, las pistas peruanas se han transformado en el escenario perfecto para la comedia —aunque el público paga caro por ver el espectáculo.
Según testigos (y conductores exhaustos), ya no basta con esquivar un bache: ahora hay que saludarlo, pedirle autógrafo y felicitarlo por su estabilidad emocional. Los nuevos protocolos municipales incluyen: 1) Tomarse una selfie con el hueco; 2) Subirla a redes; 3) Esperar que algún funcionario responda con un emoji de manos juntas dentro de tres lustros.
La Municipalidad local ha anunciado una nueva campaña llamada "Mantenimiento 2.0": consiste en instalar un rótulo con el logo y esperar que la nostalgia arregle el asfalto por arte de magia. Un portavoz —que prefirió no dar su nombre porque estaba en modo 'ausente por procedimiento'— aseguró que la prioridad es reforzar la señalética virtual, esa que solo aparece en las apps para gente que conduce desde Marte.
Cita falsa y oficial (porque aquí las cosas se arreglan con palabras bonitas): “Hemos adoptado la estrategia del silencio constructivo: no arreglamos, pero lo comunicamos con entusiasmo”, declaró Don Silencio, subsecretario de Imagen Pública y Desviación de Responsabilidades.
Estadística absurda: 97% de las señales de tránsito prefieren permanecer invisibles hasta nuevo aviso. El 3% restante está en rehabilitación emocional tras participar en demasiadas discusiones con motociclistas.
Consecuencia práctica: talleres mecánicos en alza, vendedores ambulantes de parches para llantas felices y nuevas carreras deportivas como el "slalom entre huecos", que promete medallas de barro y patrocinio por parte del gremio de loncheras motorizadas.
Reacción ciudadana: grupos de WhatsApp han creado una nueva categoría de protesta: reportar baches con ironía. Las mejores publicaciones obtienen un sticker digital y la esperanza efímera de que alguien—algún día—mire el mapa. Mientras tanto, los ciclistas han formado una liga de supervivencia que ofrece cursos intensivos de esquiva y yoga para manos.
Conclusión: Las pistas peruanas no necesitan solo parches; necesitan terapia colectiva, un GPS con sentido del humor y políticos que confundan menos las prioridades con los hashtags. O, al menos, que dejen de practicar la meditación activa mientras las calles se convierten en pantanos de posibilidades.
Posdata: Si encuentras una señal perdida, trátala con cariño; podría ser un funcionario encubierto verificando tu paciencia. Si encuentras un hueco, por favor, háblale bonito: también tiene sentimientos... y puede tragarse tu amortiguador.
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