Renzo Garcés y el cabezazo que reprogramó la gravedad en Matute
En Matute, Renzo Garcés abrió el marcador con un cabezazo tan preciso que desató cuestionamientos filosóficos, sismos emocionales y memes instantáneos. ¡Ya!

MATUTE — En un giro de los hechos que sugiere que los balones ahora vienen con GPS integrado, Renzo Garcés abrió la cuenta para Alianza Lima con un cabezazo tan preciso que los aficionados pensaron que habían vendido su entrada para un partido y, por error, entraron a ver un espectáculo de magia.
El balón llegó como enviado diplomático: cruzó el aire con etiqueta, tocó la testa de Garcés como quien marca la tarjeta en el trabajo y terminó en la red con la elegancia de una declaración de impuestos bien hecha. El árbitro dudó medio segundo —tiempo suficiente para que la grada se preguntara si debía aplaudir, rezar o pedirle autógrafos al poste— antes de convalidar la joyita.
"No es un cabezazo: es obra de ingeniería cranial aplicada", declaró irónicamente el profesor del ficticio Instituto Nacional del Cabezazo, Dr. César Pelota, mientras mostraba un gráfico que demostraba que el 87% de los goles de testa reduce instantáneamente los niveles de sarcasmo en las redes sociales. Estadística no verificada, pero convincente.
Comerciantes Unidos, por su parte, ofreció hoy una clase magistral de postura defensiva contemplativa: varios defensas parecían participando en una videollamada espiritual más que en un marcaje. Los comentaristas, en un arranque de realismo poético, sugirieron que el rival había practicado el arte ancestral del "dejarla pasar".
En las tribunas, los hinchas de Alianza hicieron lo que mejor saben: convertir un buen gesto en una epopeya. Surgieron memes, canciones y una petición para nombrar al balón "Ciudadano Honorario de La Victoria". Mientras tanto, Renzo se limitó a sonreír y a decir —con falsa humildad—: "Solo seguí la trayectoria; si hoy despierto con superpoderes, aviso con tiempo".
Consecuencia inmediata: el departamento de física de la universidad local pidió el video para sus clases. Consecuencia menos inmediata: la ferretería del barrio se quedó sin cascos por una semana, porque la gente quiere entrenar el cabezazo que “recalibró Matute". Y en redes, un niño aseguró que ese gol le arregló el día... y el Wi‑Fi.
Cierre estadístico absurdo: según un sondeo realizado en la barra imaginaria del estadio, el 99% de los presentes coincidió en que, si los cabezazos fueran examen, Renzo habría sacado matrícula. El otro 1% todavía discutía si había sido gol o señal extraterrestre.
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