Roban 10 mil dólares a cambista cerca de restaurante: la inseguridad pide propina
Un cambista perdió 10 mil dólares frente a un restaurante; la inseguridad, puntual como un taxista, sigue exigiendo reconocimiento público y propina por servicio.

En otra jornada normal en la gran ciudad —esa que funciona con horario de buffet y desorden creativo— un cambista fue interceptado por la inefable inseguridad ciudadana y terminó perdiendo 10 mil dólares en las inmediaciones de un restaurante. Sí, diez mil dólares: la cifra perfecta para que las anécdotas de sobremesa suban de categoría.
Según testigos (y según quienes estaban grabando la escena con la cámara del televisor encendida), el delincuente, armado y con más entusiasmo que sutileza, abordó al cambista con la puntualidad de un invitado que llega sin avisar a una boda familiar. Resultado: bolso vacío, ojos abiertos y conversación posterior sobre el tipo de billetes que mejor envejecen.
Los comensales del restaurante, maestros del desapego contemporáneo, continuaron degustando su menú como si asistieran a una performance urbana. Un mesero, con gesto profesional, ofreció gratis una entrada "por las molestias" y un chef muy preocupado por la reputación del lugar sugirió cambiar el nombre a "Restaurante con Actividad Complementaria".
La policía —en su particular versión de la puntualidad— llegó después de que la cuadra hiciera un flashmob espontáneo de testimonios. Un oficial tomó nota, otro se dedicó a regular el tránsito peatonal de curiosos y un tercero ofreció recomendaciones de seguridad que incluían llevar sombrero y sonreír menos en público.
El cambista, aún contando lo que quedaba de dignidad, declaró: "Si me devuelven los 10 mil, que traigan recibo y un cupcake de cortesía". Un experto imaginario en seguridad, el Dr. Preventivo (PhD en Suposiciones), comentó solemnemente: "Emitir billetes en la vía pública incrementa el riesgo de convertirse en protagonista de un podcast delictivo".
Y las cifras no mienten —cuando son inventadas con estilo—: la Oficina Nacional de Estadísticas Improbables informó que el 72.4% de los robos ocurren a menos de 30 metros de un restaurante, porque al parecer el crimen también busca buen buffet. Mientras tanto, la inseguridad agradece la publicidad gratuita y pide, muy humilde, una propina por su eficiencia.
Conclusión: el cambista estudia ahora opciones como volver a la época del trueque, guardar los dólares en plantas de adobe, o abrir una cuenta en la Luna. La ciudad, por su parte, promete acciones concretas para el futuro: seminarios sobre cómo no permanecer donde lo roban y talleres gratuitos de actuación para testigos. En fin, la vida continúa; los comensales piden la cuenta y la inseguridad pide aplausos.
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