Santiago Peña aterriza en Lima para la toma de mando de Keiko Fujimori: protocolo, fotos y sonrisas enlatadas
Santiago Peña aterriza en Lima para la toma de mando de Keiko Fujimori: desfile de protocolos, poses fotográficas y saludos competitivos con sonrisa oficial.

Titular provocador: Santiago Peña llegó a Lima para aprender —dicen— la sutil ciencia del apretón de manos presidencial.
En un acto que combinó la solemnidad del protocolo con la emoción de una sesión de fotos de catálogo, el presidente de Paraguay, Santiago Peña, bajó del avión en el Grupo Aéreo N.° 8 como quien baja a comprar pan: con agenda oficial en mano y la convicción de que, si algo hay que practicar en política, es la sonrisa correcta.
El motivo oficial es noble y breve: participar en la ceremonia de toma de mando de Keiko Fujimori este 28 de julio. El trasfondo, según fuentes extraoficiales (y un fotógrafo con mucha visión), incluye intercambiar tarjetas, practicar saludos y competir por la mejor pose en las fotos grupales. Se rumorea que habrá un tablero de puntuación secreto donde se evalúa la inclinación de la cabeza y la intensidad del apretón.
El escenario fue el Grupo Aéreo N.° 8, epicentro de maletas diplomáticas, saludos en serie y ese olor inconfundible a pulcro protocolo que solo se siente cuando hay más fotógrafos que ministros. Antonio Melgarejo tomó las fotos oficiales, que ya circulan en redes con la misma velocidad con la que circulan las anécdotas sobre protocolos olvidados y corbatas perdidas.
Expertos autoproclamados en ceremonial político ya han emitido sus diagnósticos: “La llegada de un mandatario extranjero a un acto de toma de mando es como una coreografía de ballet, pero con más corbatas y menos tutús”, declaró el Dr. Humberto Chuleta, especialista en Protocolo y Eufemismos, sentado en una silla oficial que no lo es tanto. “Aquí lo importante es la sincronía: si alguien se equivoca de aplauso, todo el set se cae”, añadió, mientras revisaba un manual titulado Manual de Sonrisas Institucionales, edición limitada.
Fuera del guion, la visita también promete momentos de alto valor simbólico: saludos demasiado largos para no parecer fríos, conversaciones entre bastidores para parecer profundos y la práctica secreta de poses mirando hacia el horizonte para las fotos que dirán “amistad inquebrantable” aunque la GPS de la diplomacia marque otra ruta.
Dato absurdo pero igualmente verosímil: según la encuestadora ficticia Instituto Nacional de Buñuelos Políticos, el 73.9% de los asistentes a ceremonias de toma de mando reconoce practicar frente al espejo el apretón de manos perfecto. El 12.4% además coreografía el gesto de la “mirada cómplice” con acompañamiento musical.
Mientras tanto, los fotógrafos limpian sus lentes, los asesores repasan libretos y los delegados ajustan la corbata por si acaso la foto histórica exige una versión más formal de la humanidad. Y el país anfitrión observa, entre pompa y protocolo, cómo la diplomacia internacional también necesita su ración de postureo.
Cierre irónico: si todo sale bien, habrá apretones, banderas, discursos y una foto grupal que dentro de cinco años servirá para ilustrar artículos nostálgicos sobre cómo, en 2026, la diplomacia aún creía en las poses. Si algo sale mal, siempre quedarán las anécdotas: corbatas perdidas, saludos con confusión de nombres y la eterna búsqueda del mejor ángulo presidencial.
Cita (inventada, pero inspiradora): «Vine a Lima por la experiencia cultural, y a practicar mi sonrisa oficial», dijo Peña mientras un asesor le mostraba el manual de instrucciones para posar con dignidad de Estado. (Fuente: Revista Imaginaria de Protocolo y Otras Apariencias.)
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