Surco bautiza parque en memoria del sereno Luis Manrique Pizarro y activa ritual municipal de corte de cinta
Surco bautiza parque en honor del sereno Luis Manrique Pizarro: placa, corte de cinta y promesas municipales con Wi‑Fi, flores y selfies oficiales.
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TITULAR PROVOCADOR: El parque que nadie pidió, pero que ahora todos reconocen porque tiene nombre, se llama Luis Manrique Pizarro
En un acto que combinó solemnidad, brillo de pintura y la inevitable fila para la selfie, el renovado parque del asentamiento humano Mateo Pumacahua en Santiago de Surco fue bautizado hoy con el nombre del sereno Luis Manrique Pizarro, héroe local que hace tres años entregó su vida en una intervención contra el conocido delincuente Christopher Fuentes González, alias “Maldito Cris”. La municipalidad informó, y la ciudadanía aplaudió con reserva —porque en Surco aplaudimos con reserva, no vaya a ser que alguien se dé cuenta de que también quiere bancos nuevos.
La ceremonia contó con todos los elementos requeridos por el manual no escrito de los actos públicos: cinta tricolor (para fotos), placa con letra verdosa (para la posteridad) y al menos dos funcionarios con corbata que insistieron en que la obra es “parte de un plan estratégico de humanización de espacios verdes” —frase que suena muy bien en discursos y en la lista de compras de cualquier oficina municipal.
Vecinos dijeron sentirse “emocionados y confundidos a la vez”, en un emotivo combo que mezcló gratitud por honrar al sereno y curiosidad por saber si el parque incluirá la versión municipal del wifi: ‘0paqueSurco-Libre’ (con contraseña en la esquina). Un niño preguntó si habría juegos; un señor mayor preguntó si ahora las palomas tendrían seguro social; y un entrenador de zumba preguntó si la placa serviría como base para la clase matinal.
Expertos ficticios consultados por este diario paródico —entre ellos un académico en nomenclaturas honoríficas y una paloma jubilada— coincidieron en que nombrar parques es la manera más eficiente de resolver dos problemas al mismo tiempo: recordar a los muertos y justificar la compra de nuevas cortinas para la sala de reuniones del municipio.
Cita irónica del día (inventada con cariño por un vocero municipal optimista): “Con este parque queremos que la gente recuerde el valor del sereno y, de paso, que los vecinos vuelvan a mirarse a la cara en vez de mirarse solo el teléfono”, aseguró un funcionario que también aseguró que la placa había sido colocada antes de las fotos oficiales. Frase no verificada por el manual de posturas para fotos protocolares.
Estadística absurda del acto: el 87% de las palomas locales declaró sentirse altamente representada por el nuevo nombre, mientras que el 110% de los asistentes afirmó haber aprendido al menos tres palabras nuevas en el discurso del alcalde (entre ellas: humanización, sinergia y ‘urbanolustración’ —este último aún en estudio).
El homenaje recuerda a Luis Manrique Pizarro por su valentía en aquella intervención contra ‘Maldito Cris’, y sirve como recordatorio de que las ciudades no solo se reconstruyen con obras, sino con placas, ceremonias y la cantidad correcta de confeti burocrático. Al caer la tarde, la gente se fue con el consuelo de que hubo justicia simbólica y la promesa de que, cuando el wifi funcione, podrán subir la foto al grupo de vecinos con el título: “Hoy fuimos a la historia”.
Conclusión para cerrar con broche de humor negro pero respetuoso: se inauguró un parque, se colocó una placa y se encendieron las luces; ahora solo falta que el asfalto y la memoria del barrio se pongan de acuerdo en quién se queda con la banca más cómoda. Porque honor y descanso urbano, como dicen por ahí, deben ir siempre de la mano.
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