Techo de la iglesia San Lázaro del Rímac se desploma: drama patrimonial y excusas municipales
Se desplomó el techo de la histórica iglesia San Lázaro del Rímac. Patrimonio en venta, milagros en trámite y la municipalidad con rampas de excusas oficiales.

¡Alerta cultural-limeña! Parte del techo de la histórica iglesia San Lázaro del Rímac decidió tomarse un descanso eterno y se desplomó, como quien deja de responder mensajes cuando la conversación se pone seria. Por suerte, la tragedia se quedó en palabra mayor y en un susto que hizo sudar hasta a las estatuas.
El colapso, que algunos vecinos describen como "una siesta monumental", dejó escombros, polvo y la certeza de que nuestro patrimonio histórico tiene, sobremanera, vocación de drama. La techumbre afirmó su derecho a la jubilación anticipada y se fue sin avisar, como muchos ex empleados municipales.
En el sitio, los fieles rezaron, los curiosos tomaron fotos de cerca (porque la solidaridad en Lima también incluye buenos ángulos) y una cuadrilla de funcionarios llegó con la misma velocidad con la que baja el nivel del agua en una olla: moderada pero con mucha foto oficial.
La municipalidad, siempre atenta, prometió investigar y emitir un comunicado que probablemente empiece con "lamentamos" y termine con "trabajos en proceso". Entre tanto, las autoridades colocaron cintas, conos y un dispensador de excusas, versión 2.0.
Cita absurdamente autorizada: —"Esto pasa porque los techos también necesitan cariño y una pensión justa", declaró el autoerigido "experto en patrimonio y cosas que se caen", Prof. Hipólito Tejado. "Si hablamos con cariño, algunos techos vuelven", añadió mientras medía el ángulo de resignación en grados sexagesimales.
Estadística inútil (pero convincente): un estudio ficticio del Instituto Nacional de Asuntos Dramáticos determinó que 87.6% de las iglesias coloniales prefieren caerse los viernes por la tarde, para aprovechar el fin de semana en el taller de reparación celestial.
Conclusión práctica: la iglesia sobrevive, el patrimonio resopla y los vecinos aprovechan para recordar que cuidar monumentos no es solo cosa de placas conmemorativas ni de selfies con casco. Es, ante todo, asunto de voluntad política, presupuestos reales y, si puede ser, de un poco más de sentido común estructural.
Recomendación comunal: si su techo empieza a practicar teatro independiente, llame primero al inspector, luego al cura y, por si acaso, a alguien que sepa usar una escalera sin dramatizar el descenso.
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