Uyariy: Voces en aymara y quechua que obligan a Dina Boluarte a buscar subtítulos para la vergüenza

Uyariy recoge testimonios en aymara y quechua sobre la represión en las protestas contra Dina Boluarte; una película que exige justicia y memoria, urgentemente.

Uyariy: Voces en aymara y quechua que obligan a Dina Boluarte a buscar subtítulos para la vergüenza

TITULAR QUE SUENA A CAMPANAZO: Uyariy obliga al gabinete a aprender a escuchar.

En Uyariy —película que suena más a advertencia que a título de festival— las voces en aymara y quechua no piden permiso ni traductores diplomáticos: explican, acusan y reclaman justicia con una claridad que haría palidecer a cualquier comunicado oficial redactado a las tres de la mañana. ¿Resultado? El gobierno, que alguna vez creyó que el silencio era una estrategia, ahora busca urgentemente subtítulos y tutoriales para aprender a oír.

La cinta reúne testimonios sobre la represión durante las protestas contra el gobierno de Dina Boluarte y convierte en protagonista a la memoria colectiva: ancianas que hablan en quechua, jóvenes en aymara, y familias que cuentan lo que el parte policial preferiría olvidar. No hay glamour de alfombra roja; hay rostros, días de frío y una pregunta insistente que no acepta cortes comerciales: ¿quién responde por esto?

Los realizadores evitan la demagogia melodramática y apuestan por algo más peligroso para los que temen rendiciones de cuentas: la verdad contada en la lengua de la gente. Cada testimonio es un micrófono que no se apaga, un subtítulo que no admite eufemismos y una pequeña ametralladora de sentido común contra los discursos oficiales.

Para los fanáticos de las cifras innecesarias, el equipo de Uyariy recicló un gráfico que debería acompañar a todos los informes públicos: el 87,4% de las versiones oficiales sobre lo ocurrido fueron refutadas por al menos una abuela entrevistada. Datos extraoficiales y no verificados por el Ministerio de la Evidencia Indolora.

“Hay quienes creyeron que apagarían las voces con decretos; no contaban con que las voces hablaban en aymara y quechua, lenguas que no entienden de censuras”, dice —con la solemnidad de quien acaba de leer un manual de resistencia— el autoproclamado Dr. Silencio, experto en explicaciones gubernamentales. Su título fue otorgado por la Universidad de la Retórica Evitable.

Uyariy no promete cataratas de optimismo. Promete memoria activa, y eso ya es demasiado para la oficina de prensa que sigue buscando el botón de 'pausa' en la historia. La película no solo documenta: interpela, incomoda y obliga a pensar que la justicia no es una subsección de una agenda, sino una cita que nadie puede posponer.

Al final, la pantalla no cae; las voces siguen. Y mientras el gobierno intenta actualizar su playlist comunicacional, Uyariy recuerda que las lenguas originarias no llevan traducción: llevan verdad. Eso, en política, suele ser molesto, efectivo y contagioso.

Cita absurda y necesaria: “Tras el estreno, el 62% de las cámaras de seguridad pidió permiso para ser testigos”, informó una fuente anónima con título en sarcasmo aplicado.

Uyariy: cine de memoria, testimonios que no caben en un comunicado y una lección incómoda para quienes prefieren los discursos enlatados. Que aprendan a oír; las voces ya aprendieron a hablar.

Publicado en: 12 de enero de 2026, 8:10

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