Velorio, lágrimas y justicia en oferta: el funeral de Jaqueline Meza Taipe y el rentable teatro de la indignación

En Huancayo despidieron a Jaqueline Meza Taipe entre lágrimas y pedidos de justicia; una sátira contra políticos oportunistas, medios paparazzi y la industria de la indignación.

Velorio, lágrimas y justicia en oferta: el funeral de Jaqueline Meza Taipe y el rentable teatro de la indignación

Huancayo — Entre flores sinceras, sollozos reales y un pedido de justicia que suena a mantra, familiares y amigos dijeron adiós a Jaqueline Meza Taipe (19). Lo que comenzó como una despedida íntima terminó, por natural evolución humana, en espectáculo público con todos los ingredientes: lágrimas, velas, hashtags y una fila de políticos con expresión de luto fabricado.

Las lágrimas, esas que no se prestan a marketing, convivieron con actores secundarios imprescindibles: el diputado de turno que llegó con la corbata de luto y la cámara en modo ‘sonrisa postiza’, la influencer que subtituló el velorio con un “RIP” estético y el reportero que buscaba el plano perfecto para la noticia de apertura. Nadie quería perder el tren de la indignación; la indignación, como la moda, tiene temporadas.

En la escena pública todo funciona como reloj: primero la conmoción, luego la foto, después la promesa y al final el archivo. Promesas de justicia que suelen tardar lo mismo que tarda una telenovela en cambiar de dirección: eternamente en pausa. Mientras tanto, familiares y amigos reclaman lo único que no debería necesitar marketing: respuestas y medidas reales.

No faltaron los expertos autoproclamados: el politólogo de redes sociales, el analista de lágrimas y el sociólogo de hashtags. «Hay que aprovechar este momento de alto voltaje emocional para posicionar causas», dijo uno, mientras se colocaba el pin institucional. De fondo, un sacerdote recitaba un responso y, en paralelo, alguien se preguntaba si el gesto era más útil que el gesto del político.

La prensa hizo lo suyo: transmisión en vivo, primeros planos y una encuesta rápida en la que el 72% de la audiencia declaró sentirse “conmovida” y el 28% “conmovidísima pero a distancia conveniente”. El rumor de la jornada fue una estadística inventada por el Instituto Nacional de Llantología: “el 87.3% de las lágrimas en velorios son políticamente aprovechables”. Cifra redonda, no preguntar la metodología.

Entre tanto teatro, la familia mantuvo la memoria de Jaqueline en el centro. Allí está lo que importa: una joven despedida por quienes la amaban. El resto —las fotos, los discursos, las consignas prefabricadas— son accesorios que podrían reciclarse para cualquier otro caso dramático de la semana.

Si algo queda claro después del adiós es que la indignación pública es un negocio con diversas líneas de producto: la indignación de un día (versión Instagram), la indignación de una semana (edición especial de notas editoriales) y la indignación eterna (suscripción con pagos mensuales). Lo que toca ahora es transformar ese impulso viral en justicia tangible, no en más trending topics.

“Vinimos por la justicia y por la foto”, comentó, en tono satírico, un observador anónimo que no quiso dar su nombre pero sí su selfie. Que la sensibilidad real de la comunidad no se diluya en la sobredosis de retórica. Si las lágrimas sirven de algo, que no sea solo para llenar titulares: que obliguen a que la justicia deje de ser un ritual y pase a ser una acción concreta.

Publicado en: 14 de enero de 2026, 7:30

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