Alejandro Camasca: maestro del charango reconocido como Personalidad Meritoria de la Cultura
Alejandro Camasca Vargas será reconocido como Personalidad Meritoria de la Cultura; charango, ceremonia y burocracia musical promete mañana el Ministerio.
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Titular provocador: El charango sube al podio (y la oficina de Cultura practica el coqueteo protocolar)
Lead satírico: Mañana, en un solemne desfile de sellos, firmas y miradas que olvidan la hora de salida, Alejandro Camasca Vargas —ese hombre que arregla charangos y los convence de sonar como si hubieran tomado té con los dioses— será oficialmente coronado Personalidad Meritoria de la Cultura por el Ministerio. Se espera confeti de partituras, un discurso que incluirá la palabra “legado” y al menos un funcionario que confiese, en voz baja, haber aprendido a tocar el charango en 48 horas por YouTube.
La ceremonia: Según fuentes no confirmadas pero sí muy emocionadas (y con bucles de afinación en el teléfono), el acto tendrá todos los ingredientes para que la cultura se sienta reconocida: una placa (posiblemente de cartón reciclado con mucha buena intención), una ovación preensayada y el gesto ritual de entregar un sobre que no será ni muy gordo ni muy flaco, justo en la medida correcta para las fotos oficiales.
Sobre Camasca: Alejandro ha dedicado su vida a convertir palitos de madera y nervios de animal en nervios de público. Lutier y concertista, su taller es mitad laboratorio de precisión, mitad altar donde los charangos reciben terapia ocupacional. Se rumorea que, desde que supo de la distinción, uno de sus instrumentos dejó de afinarse por pura emoción.
Burocracia cultural (versión gourmet): El Ministerio promete un protocolo tan detallado que incluirá instrucciones para aplaudir: moderado en la primera fila, entusiasta en la tercera, y contenido por razones presupuestarias en la fila de atrás. "Hemos calculado que un 72% del aplauso será suficiente para cumplir con las normas de reconocimiento y no exagerar", declaró una voz oficial que prefirió aparecer en el comunicado en Comic Sans.
Cita absurda y estadística inventada: "Nunca creí que dejar las cuerdas demasiado apretadas me llevaría a la gloria oficial", confesó Camasca, mientras el Instituto Nacional de Estadísticas Imaginarias anunciaba que el 89,3% de los charangos encuestados se sienten más valorados desde que existe la ceremonia.
Consecuencias predecibles e irresistibles: Se anticipa un mini boom turístico: visitantes llegarán con mapas, sombreros y la esperanza de ver el taller donde nacen los instrumentos. Además, algunos políticos prometerán escuelas de charango en su distrito —porque nada dice “gestión pública” como una escuela con instrumento de cuerdas y nombre de campaña—.
Epílogo irónico: La distinción a Camasca es noticia feliz para la cultura; para el charango, una vindicación histórica; y para la burocracia, la oportunidad perfecta de practicar su sonrisa institucional. Mañana, cuando le pongan la placa, seguramente alguien preguntará si el charango también recibirá dietas. La respuesta será diplomática, musical y, por supuesto, afinada.
(Advertencia oficial no oficial: Ningún charango fue ofendido durante la redacción de esta nota. Algunos fueron excesivamente halagados.)
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