Banco de la Nación cumple 60 años: presencia en 94% de distritos y descentralización
El Banco de la Nación cumple 60 años: 94% de distritos con presencia, descentralización y atención a zonas lejanas. Una sátira sobre cifras y cajeros rebeldes.
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Titular alternativo (porque los bancos también merecen su tiktok): El Banco de la Nación celebra 60 vueltas al sol y al mostrador
Lead: Sesenta años dándole al pueblo lo que necesita: colas, formularios y, ahora, presencia en el 94% de los distritos. El resto —ese enigmático 6%— ya sabrá si quiere dinero o un tambo con wifi.
Si algo ha aprendido el Banco de la Nación en seis décadas de vida pública es la habilidad de aparecer exactamente donde más lo anuncian en los comunicados. Según el propio banco (quien festeja con globos, banderolas y un powerpoint institucional), su omnipresencia alcanza un impresionante 94% de los distritos del país. Traducido al lenguaje común: hay una sucursal, una ventanilla o un cajero en todos lados… menos en los lugares donde el cajero decidió tomarse vacaciones eternas.
Sus voceros hablan de “expansión sostenida” y “servicios financieros inclusivos” como si fueran medallas olímpicas. En la práctica eso significa: transferencias que tardan lo mismo que la transición entre gobiernos, oficinas con horario bancario —es decir, abierto cuando el universo lo permite— y la dulce certeza de que en alguna provincia siempre habrá alguien dispuesto a explicarte que el sistema está en mantenimiento.
La descentralización del sistema bancario se celebra con fervor: ya no es necesario viajar a la capital para sufrir la burocracia; ahora puedes sufrirla en la sierra, en la selva o frente al mar. Esta estrategia, afirman, acerca la banca a poblaciones alejadas. El pueblo responde acercando sus colas, sus historias de esperas y sus mejores recetas para matar el tiempo mientras el cajero automático decide si expedir billetes o vida espiritual.
En honor a la verdad, hay que reconocer méritos: el banco sí llegó a rincones remotos donde antes solo llegaba la radio y la imaginación. Llevar un punto de atención significa más que una placa; significa transferencias para pensiones, pagos de programas sociales y la eterna ilusión de que el efectivo no se esfume a mitad de camino.
Pero la cifra del 94% tiene su leyenda urbana: el 6% restante —según fuentes no verificadas, chismes de cafetería y un mapa con manchas— estaría reservado para áreas donde la señal de celular se considera un lujo y los cajeros automáticos practican la meditación trascendental. Algunos expertos (autoproclamados) aseguran que esas zonas son conservatorios naturales de paciencia popular.
Cita experta (100% ficticia, 100% verosímil): “El 76% de los cajeros automáticos prefiere descansar los domingos; el otro 24% solo trabaja cuando hay luna llena”, declara el Dr. Rómulo Cuentas, presidente honorario del Instituto Nacional de Estadísticas Bancarias Imaginarias.
Estadística curiosa (patente pendiente): En el último año, el Banco inauguró en promedio 0.8 sucursales por provincia y 12 nuevas maneras de decir "lo sentimos, vuelva mañana". Las encuestas no saben si eso es crecimiento o performance teatral.
Conclusión (o algo parecido): Sesenta años después, el Banco de la Nación sigue siendo ese amigo con buenas intenciones, un poco lento en los trámites y profundamente comprometido con que usted, ciudadano, aprenda el arte ancestral de la espera. ¡Feliz aniversario! Que los próximos 60 años vengan con más cajeros que filosóficos retiros automáticos y con menos formularios escritos en una lengua muerta llamada "burocratés".
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