Chincha declara la guerra a los parlantes: campaña municipal contra el ruido
Chincha declara la guerra a los parlantes: jornada de sensibilización contra conciertos ambulantes y bandas que ensayan a las 4 a.m.; dormir es un derecho.

Lead: En Chincha se soltó la operación "Apaga ese parlante, vecino": la Municipalidad organizó una jornada de sensibilización contra la contaminación sonora, porque al parecer algunos comerciantes y bandas piensan que la vía pública es un festival permanente y que los oídos ajenos son territorio de prueba de sonido.
Ayer, en la intersección de la Av. Luis Massaro y Mariscal Castilla, el personal municipal armó su puesto de paz auditiva para explicar, con paciencia de monje y megáfono propio, cómo deben conducirse las personas en la calle y en sus establecimientos. Traducido: deje de convertir la cuadra en un concurso de equipos de sonido, por favor y por la siesta.
Los vendedores ambulantes, esos nobles emprendedores que llevan la economía en la mano y el subwoofer a cuestas, fueron los principales destinatarios del sermón. Según la versión oficial, muchos circulan con parlantes que no solo venden productos, sino que también testean la tolerancia vecinal al estruendo. Resultado: vecinos con oído selectivo involuntario y una creciente colección de almohadas extra para las madrugadas musicales.
Las instituciones educativas tampoco se salvaron del diagnóstico: los ensayos de bandas para desfiles han pasado de "práctica educativa" a "gira sonora no autorizada". Hay quienes encienden parlantes a las 4 o 5 de la mañana bajo la honorable excusa de "limpieza con música". Vecinos de la calle Pedro Ronceros ya llevan contadores de himnos repetidos y certificados de insomnio por acumulación.
Los funcionarios municipales, armados con folletos y rostros de suficiencia pedagógica, explicaron los efectos del exceso de ruido sobre el sistema nervioso: dolores de cabeza, estrés y la urgente necesidad de recuperar la siesta nacional. Y como todo buen cuento con moraleja, adelantaron que a la sensibilización le seguirán sanciones para los reincidentes: multas, charlas obligatorias y —según rumores no confirmados— la confiscación temporal de parlantes para convertirlos en macetas municipales.
Cita irreverente: "Si seguimos así, Chincha podría declarar duelo por la siesta", dijo un funcionario que pidió reservar su oído por razones obvias. Estadística absurda pero convincente: un estudio del imaginario Instituto del Susurro revela que "4 de cada 3 parlantes en Chincha superan los decibeles recomendados por el sentido común".
Conclusión: La campaña global contra la contaminación acústica cumple su papel educativo, la municipalidad hace su papel de profesora y la ciudadanía hace su papel de víctima auditiva. Si algo queda claro es que en Chincha la paz ahora suena a silencio regulado: quien quiera concierto que pague entrada; quien quiera dormir, que aplique la técnica ancestral del calcetín en la almohada. Y si no, siempre quedará la alternativa gourmet: vender orejeras con logo municipal.
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