Congreso suprime cláusula sobre amaños deportivos: ya estaba penada, pero sobraba la tinta
El Congreso elimina la sección sobre manipulación de resultados porque ya está tipificada. Ahora la ley se concentra en impuestos, regulaciones y buen humor.

Titular digno de telenovela y trámite parlamentario: la sección que hablaba de amaños deportivos fue borrada del proyecto porque, sorpresa, ¡ya estaba tipificada! En un acto de eficiencia casi poética, los legisladores prefirieron evitar la redundancia normativa y dedicar su tiempo a asuntos más apasionantes como las tablas de impuestos y el emocionante mundo de la regulación.
La jugada es propia de estrategas del derecho o de personas que finalmente entendieron que duplicar leyes es como comprar dos helados idénticos y dejar uno en la terraza hasta que se derrite. Según el comunicado oficial —escrito con letra impecable y cero repeticiones—, eliminar esa sección evita “duplicidades normativas” y mantiene el foco del proyecto en temas tributarios y regulatorios. En otras palabras: sacamos lo de amaños porque ya hay una ley que lo castiga, y preferimos que la nueva norma hable más de planillas y menos de entradas VIP en estadios.
No faltaron interpretaciones heroicas. Un portavoz anónimo declaró que con la eliminación se ahorra tinta, hojas y, por qué no, tiempo de lectura para legisladores que a las cinco de la tarde tienen partido de fulbito. Otro experto —el renombrado Dr. Legalista del Paso— explicó con voz solemne: “La ley no se multiplica, se depura. Si la misma conducta aparece dos veces, se arma un lío, un meme y un tuit indignado”.
Entre las reacciones populares hubo quien celebró pensando que ahora los amaños quedan libres de culpa, y otros que entendieron exactamente lo contrario. Porque eliminar una disposición no es perdonar un delito; es como borrar una línea duplicada en una receta. Si ya te pone “hornea a 180 °C” en el paso 3 y lo vuelves a poner en el paso 7, lo lógico es quitar el 7 y no declarar que la torta está exenta de pecado.
Consecuencias prácticas: el proyecto podrá dedicar más párrafos a cuestiones tributarias, esas emocionantes páginas donde el IVA y el impuesto a la felicidad se dan la mano. Los reguladores, por su parte, respiraron aliviados: ahora tendrán más texto para explicar cómo se hacen las declaraciones juradas y menos para recordar que amañar partidos está mal (cosa que, aparentemente, ya estaba clara desde antes).
Cifras irrebatibles (según encuesta imaginaria de un café en la esquina): el 78% de los ciudadanos piensa que las leyes deberían venir con resumen ejecutivo, el 15% cree que la eliminación fue por ahorro de cartuchos de impresora y el 7% restante está convencido de que todo esto es una estrategia para que nadie lea la letra chica.
En síntesis, el Congreso optó por evitar la redundancia normativa, concentrarse en lo tributario y regulatorio, y regalar a los lectores una lección de estilo legislativo: si ya existe, mejor no repetirlo. Moral de la historia: cuando una ley dice “no amañar partidos”, no, no significa “amar mucho los partidos”; significa exactamente eso: no amañar. Pero a veces la ley también necesita que alguien le dé una buena poda para que luzca más elegante en la biblioteca jurídica.
Cita jocosa para cerrar: “Hicimos limpieza normativa —dijo un legislador—. Si la ley fuera ropa, le habríamos sacado el doble par de medias.” Fin.
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