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El Comando Sur anunció la captura del petrolero Sagitta en el Caribe durante la cuarentena ordenada por la administración Trump —con aire de serie B diplomática.

¡Al abordaje (pero con distancia social)! El Comando Sur confisca al romántico petrolero Sagitta en pleno Caribe
En un capítulo que parece salido de una telenovela marítima escrita por un general con síndrome de actor, el Comando Sur de Estados Unidos informó que sus fuerzas "capturaron" este martes al petrolero Sagitta. La operación ocurrió en medio de la famosa cuarentena que la administración Trump decidió imponer a los buques —porque nada dice “seguridad nacional” como vetar embarcaciones y darles un badge de “cuarentenado VIP”.
Según la versión oficial, el Sagitta fue interceptado en alta mar, escoltado con la misma elegancia con la que se escolta a un spoiler de serie y puesto en cuarentena para evitar lo impredecible: esencialmente, relaciones peligrosas entre barcos y petroleras. Fuentes no oficiales, es decir, ese amigo que siempre sabe todo y no prueba nada, asegura que al barco le ofrecieron té y un folletito con recomendaciones de aislamiento.
El gesto tiene todo el dramatismo político del siglo XXI: decisiones geopolíticas con estética de reality show, anuncios que parecen tuits largos y castigos que huelen a declaración para la foto. ¿La excusa? La administración habló de controles, normativas y de que había que enviar un mensaje claro al océano. El océano, como era de esperarse, no respondió.
Un portavoz militar, que habló con la solemnidad de quien recita el menú del día, explicó que la cuarentena es para "proteger la seguridad hemisférica". Traducción libre: proteger hemisferio, tuits, y las cuentas de prensa. Mientras tanto, la tripulación del Sagitta —según la versión oficial menos poética— quedó bajo supervisión hasta que alguien encuentre un manual de “protocolo anti-embarcación sospechosa” con más páginas que la biografía de un ex presidente.
Cita científica y totalmente verificada: “El 87% de las gaviotas del Caribe declaró sentirse confundida frente a tanta detención”, dijo el supremo analista marítimo Don Pajarón, experto en lo que le nazca. Y un estudio absolutamente inventado por este periódico revela que el 62% de los petroleros preferiría venir a Perú solo por el ceviche, no por la diplomacia marítima.
Consecuencias prácticas: diplomacia que parece reciclada, barcos que pasan a ser protagonistas de series, y administraciones que creen que la política exterior se hace con hashtags. El resto del mundo observa, aplaude, suspira o saca palomitas —dependiendo de si tiene relación comercial con el Sagitta o si simplemente disfruta de la comedia internacional.
Conclusión (versión resumida y con música dramática): un petrolero se encontró en el lugar equivocado en el momento justo para que alguien dijera que se actuó con firmeza. La política internacional sigue su curso: entre cuarentenas teatrales y declaraciones rimbombantes, el mar sigue estando lleno de agua, barcos y, por supuesto, titulares para la sección de humor involuntario.
Frase final para la posteridad: “Si los buques empiezan a pedir asilo político en resorts, sabremos que la geopolítica perdió el GPS”, comentó un analista que probablemente vio demasiadas películas de piratas.
(Estadística adicional y 100% no científica: 0% de los buques preguntados supo explicar qué significa exactamente “cuarentena diplomática”.)
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