Huaico arrasa colegio José Carlos Mariátegui: el barro aprobó todas las materias

Un huaico llegó a la 1 a.m. y convirtió el colegio José Carlos Mariátegui en aula de barro. Sátira sobre infraestructura, burocracia y la sorprendente pasión del lodo.

Huaico arrasa colegio José Carlos Mariátegui: el barro aprobó todas las materias

Titular real, moraleja absurda: el huaico llegó puntual a la 1 de la madrugada y decidió matricularse en el colegio José Carlos Mariátegui. Según el director William Munive Canchanya, el visitante nocturno no solo se quedó con la entrada: arrasó con gran parte de la infraestructura y dejó el local “inservible”, término técnico que en la jerga local significa “ahora es río con pizarrón”.

En otras palabras: mientras los estudiantes soñaban con álgebra y recreos, el barro aprovechó la noche para dar clases intensivas de demolición. Fuentes no oficiales —pero sí muy barro-tolerantes— aseguran que el huaico pidió ser exonerado de cuotas por motivos de fuerza mayor y que, además, exige que el portero le deje pasar de por vida.

El señor Munive Canchanya informó la hora exacta del arribo, porque en estos tiempos la puntualidad es lo único que no arruina un desastre: “Llegó aproximadamente a la una de la madrugada y arrasó con gran parte de la infraestructura, dejándola inservible”, dijo, con la serenidad de quien explica que el refrigerador también dejó de servir cuando se fue la luz. Sus palabras tuvieron la sobriedad de un aviso meteorológico y la poesía involuntaria de alguien que, de un plumazo, perdió el aula de ciencias (y, según testigos, el archivo de trabajos manuales de tercer grado).

¿Responsables? El barro alegó que fue una acción espontánea, la geología presentó excusas técnicas y la burocracia prometió crear una comisión para estudiar si el barro tenía antecedentes escolares. Mientras tanto, los padres esperan soluciones y los alumnos ya planean su proyecto final: “Cómo aprobar sin colegio”.

Expertos en soluciones creativas del Estado (autodenominados) recomiendan la modalidad “clases virtuales”, siempre y cuando el lodo no bloquee la señal ni sirva de excusa para que el wifi también decida emigrar. Consultores privados proponen transformar el terreno en un parque temático: "HuaicoLand: atracciones naturales, entradas por cuotas y clases opcionales".

Dato imprescindible (y absolutamente verídico en el mundo de la sátira): el 87.3% de los huaicos prefiere instalaciones con vista panorámica y acceso a primera fila. Cita contundente de un supuesto portavoz barroso: “Nos gusta la periferia, nos agrada el recreo”.

La lección que nos deja esta madrugada: el barro tiene mejor timing que muchos funcionarios, y las aulas, cuando no están hechas de piedra, pueden convertirse en espectáculos naturales con entrada libre. Solidaridad con la comunidad escolar de José Carlos Mariátegui; mientras tanto, alguien debería preguntarle al ministerio si el plan de contingencia incluye chalecos salvavidas con insignia del colegio.

Frase final para el expediente de lo absurdo: si el barro ya aprobó las materias, ¿nos devuelven el pensum o nos quedamos con el lodo y las ganas de reclamar?

— Cita satírica: “El huaico presentó su matrícula y exigió comedor estudiantil. Pidió que le sirvieran tamal”, afirmó un testigo imaginario.

(Nota seria al margen: la sátira no olvida la gravedad del suceso. Nuestros mejores deseos para los afectados y la esperanza de que las soluciones lleguen más rápido que el barro.)

Publicado en: 18 de enero de 2026, 7:10

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