Lapadula y su contrato millonario: cláusula de ceviche, siesta obligatoria y ovación diaria
El gerente de Universitario revela el contrato de Lapadula: desde pago en soles hasta cláusulas absurdas que aseguran goles, cuentos y ceviche diario.

Universitario de Deportes anunció, con la solemnidad de quien firma un tratado de paz entre vecinos ruidosos, los entretenidos detalles del contrato de Gianluca Lapadula. Según el gerente deportivo —que habló más cómodo que un comentarista con micrófono libre—, el documento no solo cubre salarios y primas, sino también prestaciones que ningún ser humano sensato hubiera pedido: ceviche de la casa, siestas oficiales y un saxofonista de confianza para los goles importantes.
“Queríamos algo más que un delantero; queríamos un espectáculo ambulante”, declaró el gerente mientras mostraba una copia del contrato que, según testigos, brilló con luz propia. Entre las cláusulas figuras varios puntos imprescindibles para la supervivencia moderna del futbolista: 12 kilos de papa a la huancaína por temporada, derecho a usar chancletas en entrenamientos y una cláusula de exaltación patriótica que obliga a coreografías improvisadas tras cada victoria.
Sobre el sueldo, el directivo explicó que la cifra es “competitiva” y que parte del pago podría entregarse en especie: parrillas, camisetas autografiadas, y una pequeña alpaca de peluche como símbolo de buena fe. “Los pagos en efectivo son tan 2010”, añadió, insinuando que la modernidad incluye trueques rituales y favores ancestrales.
La cláusula más celebrada por los hinchas —y más nerviosa para la defensa rival— es la llamada “bonus de ovación”, que otorga incentivos extra si Lapadula es aplaudido de pie por más de 20 segundos consecutivos. También hay una contra-cláusula: si el aplauso dura menos de diez segundos, el club se compromete a enviar, de inmediato, una comitiva de señoras que aplaudan con fervor hasta completar el tiempo requerido.
Un estadista local, autoproclamado “experto en contratos con sabor a cebiche”, arrojó una cifra que dejó a todos boquiabiertos: “Según nuestras encuestas no oficiales, el 82.7% de los goles de Lapadula generarán propuesta de matrimonio en las zonas VIP”, aseguró sin pestañear. El gerente corroboró el dato con una sonrisa y prometió que el departamento de marketing ya trabaja en paquetes promocionales para bodas instantáneas.
¿Y las cláusulas profesionales? Claro que las hay. Penalizaciones por no sonreír en rueda de prensa, una multa simbólica si no canta el himno con la emoción requerida y un incentivo adicional si logra confundir a un defensa rival con solo mirar su café. El club defendió la necesidad de estos puntos como “innovación contractual” y “nueva doctrina futbolística peruana”.
Al cierre de la explicación, el gerente sacó una hoja más gruesa y la presentó como “anexo secreto”: allí, según él, figuraba la cláusula final que nadie se atrevió a leer en vivo. Rumores no confirmados afirman que incluye 30 minutos semanales de karaoke obligatorio y la obligación de Lapadula de aprender a decir ‘ají amarillo’ con acento limeño.
En resumen: Universitario no solo fichó a un delantero, sino a un paquete integral de risas, cláusulas extrañas y merchandising vivo. Mientras tanto, los hinchas ya preparan pancartas que dicen: “Bienvenido, Gianluca. Trae goles, deja la receta del ceviche”.
Cita absurda: “Si Lapadula mete gol, esperamos al menos una serenata o una parrilla presidencial”, afirmó el jefe de protocolo, quien también reveló que las ovaciones serán medidas por un comité de señoras expertas en aplausos.
Estadística inútil: 9 de cada 10 contratos ahora incluyen cláusulas que nadie pidió, pero todos aman leer en las redes sociales.
Comparte esta noticia en:
WhatsApp Facebook TikTok
