Ley 32735: cuando el Estado decidió militarizar jueces y reinventar al 'juez natural'

La Ley 32735 convierte jueces en gymkanas legales: militariza competencias, trastoca el juez natural y promete proteger derechos... o por lo menos intentarlo.

Ley 32735: cuando el Estado decidió militarizar jueces y reinventar al 'juez natural'

En un acto de creatividad normativa que haría sonrojar a cualquier guionista de realidades alternativas, la Ley N.° 32735 ha decidido que el aburrido mundo del derecho necesitaba más adrenalina: redefinió el delito de función y le abrió las puertas a la jurisdicción militar como quien abre un buffet libre a medianoche.

Los legisladores, que según fuentes confiables consultadas entre folklóricos juristas y vendedores de empanadas en la puerta del Congreso trabajaron desde la inspiración y una taza de café grande, presentaron la novedad como 'modernización procesal'. En cristiano: ahora hay más actores en la fiesta judicial y muchos llevan botas.

¿Qué implica esto en la vida real? Básicamente que la jurisdicción ordinaria, esa noble institución que hasta ahora se encargaba de los pleitos cotidianos, tendrá que compartir sofá con la jurisdicción militar. ¿Resultado probable? Jueces con charreteras opinando sobre derechos fundamentales y militares aprendiendo a interpretar códigos civiles mientras practican marchas ceremoniales en pasillos judiciales.

El debate constitucional no tardó en aparecer —como siempre que uno toca lo que no se debe tocar—: el famoso principio del juez natural, ese que asegura que no te juzgue quien se antoje, ahora suena a propuesta de reforma estética. Los defensores de la ley hablan de eficiencia; los críticos hablan de 'desplazamiento del juez natural' y de un riesgo real para garantías básicas. Los neutrales, por su parte, han sugerido crear una app para que la gente sepa quién la va a juzgar antes de cometer el desliz.

¿Y los derechos fundamentales? Ah, esos invitados de honor que en los eventos oficiales siempre prometen estar presentes: con la nueva ampliación de competencia militar podrían terminar en la lista de espera. Entre los escenarios imaginables —y algunos más probables de lo que quisiéramos— figuran audiencias a ritmo de tambor, diligencias con escuadrón de honor y recursos de amparo con protocolo de saludo.

Cita de la casa (inventada pero representativa): 'Si lo que queremos es rapidez, paciencia y justicia, mejor contratamos a un reloj suizo y le damos cédula', afirmó con sorna el doctor Hipólito Barriga, supuesto profesor de Derecho Comparado y de chistes jurídicos.

Estadística absolutamente no científica: el 73% de los ciudadanos consultados en sueños declaró preferir que los juicios sigan siendo competencia de jueces sin pretensiones militares; el 27% restante piensa que todo quedaría mejor si las sentencias se dictaran con banda sonora de himno.

La pelota ahora está en la cancha constitucional. La Corte tendrá que decidir si esta mezcla de jurisdicciones es plato del día o un experimento gastronómico peligroso. Mientras tanto, la Ley 32735 seguirá circulando en los pasillos, provocando que los abogados desempolven sus uniformes imaginarios y que los ciudadanos nos quedemos con la vieja esperanza de que, al menos, alguien nos explique a qué juez natural nos han apuntado esta vez—preferentemente antes de que nos toque cantar el himno.

Si la sentencia les parece incierta, siempre queda la alternativa civilizada: organizar un referéndum, un meme viral o, si todo falla, enviar a la burocracia a cursar clases de sentido común. Al menos así tendríamos entretenimiento garantizado.

Publicado en: 19 de agosto de 2026, 15:10

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