Miles en Los Yuyos: sol, selfie y lección express de limpieza de playas
En Los Yuyos, miles fueron por el sol y se quedaron por la conciencia: limpiezas, charlas anti-plástico y un 97% de gaviotas que firmaron la petición.!
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Titular alternativo (para quienes no leen): "Vinieron por la arena y se llevaron un curso intensivo de buen karma playero".
Lead: Miles de veraneantes invadieron la playa Los Yuyos en Barranco con la noble intención de tostarse al sol y, por accidente, convertirse en activistas ambientales por tres horas. Lo que empezó como una jornada de bronceado terminó en una especie de reunión familiar donde todos aprendieron a reciclar mientras hacían castillos de arena y trataban de no pisar los carteles que decían “Cuida la playa”.
Los organizadores reportan un éxito rotundo: la playa quedó más limpia que la conciencia de un político en campaña. Voluntarios, bañistas y algún que otro turista que confundió la actividad con un gimnasio al aire libre recogieron colillas, envases y esperanzas rotas de los peces. Los que no pudieron participar por estar ocupados con el bronceado dejaron su apoyo moral (y cinco bolsas de plástico) al pie de la sombrilla.
Según un vocero improvisado —quien se presentó como "Director de Conciencia y Sombrillas"—, la jornada combinó talleres prácticos, juegos para niños y una competencia de selfies con la etiqueta #YoNoContamino (ganó la foto con más hielo derretido en el termo). En palabras del vocero: “Vinieron por la playa y se llevaron educación ambiental, espátulas para recoger basura y una sensación agradable de superioridad moral por el resto del verano”.
Momentos memorables: una abuela que convenció a dos adolescentes a usar bolsas reutilizables con la fuerza del cariño; un surfista que prometió dejar de usar protector solar tóxico “desde mañana”; y una señora que desenterró un teléfono móvil de la arena y lo devolvió a su dueño (quien la agradeció devolviéndole un trozo de pan con mayonesa). La playa, según testigos, aplaudió.
Expertos (autoproclamados) explicaron la importancia de proteger la vida marina con ejemplos científicos indiscutibles: “Si seguimos así, los peces podrían terminar pidiendo Wi‑Fi para quejarse”, dijo el profesor Alga, titular del inexistente Instituto de Estudios Marinos y Chistes. Las charlas culminaron con una coreografía de reciclaje que dejó a todos con la sensación de que, al menos por un día, la naturaleza ganó terreno (y selfies).
Estadística absurda certificada por el comité de números improvables: el 97,3% de las gaviotas presentes firmaron la petición digital y prometieron no comer plásticos “porque se les indigestan las nuevas tendencias”.
Conclusión para llevar: Los Yuyos volvió a demostrar que el litoral puede ser escenario de sol, risa y lecciones de civismo al mismo tiempo. Eso sí, la playa solo estará verdaderamente limpia cuando alguien invente un detector de basura moral que suene cada vez que alguien deje una lata en la arena. Hasta entonces, a seguir recogiendo y posando.
Cita absurda final: “Vinimos por la brisa y nos fuimos con un diploma imaginario y la esperanza de que las gaviotas lean nuestra campaña”, declaró emocionado un turista que mientras hablaba comía una hamburguesa envuelta en cinco capas de plástico.
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