Funeral clandestino de 'El Mencho': desfile, secretos y risas nerviosas
Enterraron a 'El Mencho' entre decenas de asistentes en funeral clandestino. Satira sobre invitados, rituales y la tranquila mirada del Estado que fingió no ver.

Titular provocador: El entierro de 'El Mencho' —porque los muertos también necesitan su alfombra roja— se celebró con más protocolo que algunos festivales de música.
Lead satírico: Decenas de personas acudieron a sepultar los restos del supuesto líder del Cártel. Hubo flores, murmullos, selfies furtivos y un silencio institucional tan ensayado que pudo haberse subido al escenario a dar un discurso. Era el funeral que nadie pidió pero que todos, curiosamente, quisieron ver.
Desfile de etiqueta y memes: Los asistentes, según testigos no tan anónimos, llevaban desde traje oscuro hasta conjuntos de domingo extremo, porque si vas al entierro de una leyenda criminal es obligado combinar luto con trendiness. Algunos incluso acudieron con gafas de sol nocturnas, por si las fotos salían demasiado honestas.
Protocolo (no oficial): El cortejo fúnebre fue tan bien planeado que algunos dijeron haber recibido un PDF con el programa. "Tres minutos de silencio, cuatro de aplauso selectivo y la cuenta para el catering al final" rezaba una diapositiva que nadie confirmó, pero todos creyeron.
La mirada del Estado: Las autoridades, en su papel de espectadores profesionales, hicieron gala de una calma olímpica. "Estamos investigando desde la butaca", declaró, en voz baja y sin firma, un vocero imaginario del Ministerio del Disimulo. La municipalidad, por su parte, aseguró que no hubo permiso para la fiesta, pero sí hubo permiso para la curiosidad.
Cita (falsa, deliciosa): "El entierro fue tan elegante que hasta las tumbas pidieron reservar mesa", afirmó el Profesor de Etiqueta Funebre del Crimen Organizado, Dr. Hipótesis Tumbal, experto en funerales con protocolo y poca discreción.
Estadística absurda: Un sondeo rápido y totalmente no científico reveló que el 87.3% de los asistentes pensó que había barra libre; el 12.6% confesó haber venido por el catering; el 0.1% aseguró haber ido solo por completar su álbum de anécdotas.
Consecuencias y moraleja (a la peruana): Entre la seriedad del entierro y la comedia del operativo, lo que queda claro es una lección ancestral: cuando la realidad se convierte en espectáculo, conviene llevar palomitas. Y si además hay protocolo, selfies y anécdotas virales, mejor aún.
Coda absurda: Al final, la tierra cubrió lo que los titulares descubrieron y dejó en el aire una pregunta digna de un titular: ¿qué tiene más memoria colectiva, un álbum de fotos o un expediente? Mientras tanto, la gente se fue a casa con el recuerdo, la curiosidad y la certeza de que, en estos tiempos, hasta los entierros vienen con invitación y cobertura en vivo.
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