Keiko Fujimori anuncia plan contra El Niño y la inseguridad
Keiko promete combatir El Niño y la inseguridad con planes que suenan a reality show: paraguas gigantes, cámaras que juzgan y negociación con las nubes.
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Titular provocador: Keiko declara la guerra a las nubes y a los malhechores (no necesariamente en ese orden)
En su primer mensaje a la nación, la presidenta constitucional Keiko Fujimori tomó la tribuna con la serenidad de quien presenta un menú degustación: primer plato, El Niño; segundo, seguridad ciudadana; postre, slogans brillantes. Según ella, el objetivo número uno de su gobierno será atender la emergencia por el fenómeno El Niño y la seguridad ciudadana. Tranquilos todos: hay promesas, hashtags y, por supuesto, soluciones que suenan a guion de telenovela meteorológica.
La estrategia oficial, resumida entre aplausos y planos televisivos, incluiría medidas tan innovadoras como históricas. Se habló de ‘‘coordinar recursos’’, una frase técnica que en la práctica significa reunir a funcionarios, dar muchas entrevistas y convocar a comités cuyos nombres empiezan con ‘‘Mesa de…’’. También se mencionaron ideas futuristas: paraguas gigantes para las ciudades, drones repartiendo bolsas de arena como si fueran pizzas solidarias y cámaras que no sólo graban, sino que además «llaman la atención» a los delincuentes con mensajes motivacionales.
Expertos imaginarios se ofrecieron a opinar. La Dra. Inés Lluvia, climatóloga de sillón y presentadora de webinars, aseguró: "Si le hablamos bonito a las nubes, ellas nos escuchan. Recomendamos negociaciones con paraguas y mucho té de hoja seca". Mientras tanto, un «analista de seguridad» citado por la presidencia propuso policías con silbatos que también funcionan como asistentes sociales: silban la ley y luego ofrecen cursos de ciudadanía.
En la coreografía del primer discurso hubo espacio para la épica y para la publicidad. Se prometieron centros de respuesta rápida que, en la versión real, son oficinas con sillas ergonómicas, plantas que nadie riega y un teléfono que suena menos de lo esperado. También apareció la palabra mágica ‘‘colaboración’’, ideal para evitar especificar fechas, montos o responsables.
Estadística absurda (y contundente): según un barómetro interno no verificado, el 87.3% de las lluvias preferiría no mojarse si el gobierno instala suficientes paraguas gigantes con la cara oficial. Cita memorable: "Con nuestros planes, hasta las gotas tendrán identificación", declaró un portavoz sonriente, subrayando que el próximo paso es asignar DNI a los charcos.
La reacción popular fue variada: algunos aplaudieron la intención (el país necesita respuestas), otros pidieron medidas concretas (sacos de arena no son hashtags), y un grupo minoritario ya prepara camisetas con la frase: ‘‘Tengo fe, pero llevo botas’’. En los pasillos del poder se promete trabajo, reuniones y muchos comunicados. En las redes, la promesa se tradujo en memes, lluvia de opiniones y una nueva serie de stickers para conversaciones familiares por WhatsApp.
Conclusión brevísima y con ironía: el plan suena ambicioso, televisivo y muy fotogénico. Ahora falta que las nubes, los ladrones y la burocracia también firmen el acta de compromiso. Próximo capítulo: la negociación con el clima (y su representante legal).
Pequeña advertencia satírica: si ve un paraguas gigante cayendo del cielo, no es fenómeno natural; es política pública en busca de cobertura.
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