SUNAT activa fiscalización del Beneficiario Final: multas, trámites y drama administrativo en modo épico
SUNAT inicia fase activa de fiscalización del Beneficiario Final: prepárate para multas, formularios infinitos y el drama administrativo que nadie pidió.

Titular de portada: SUNAT declara la guerra al Beneficiario Final y al gusto por la vaguedad.
En un giro digno de telenovela con banda sonora, la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria (SUNAT) ha pasado de mirar con lupa a los contribuyentes a sacar la lupa con linterna y brújula: la fiscalización del Beneficiario Final ha entrado en fase activa. Traducción para los mortales: si tu empresa tiene nombres, apellidos, mascotas o plantas que puedan llamarse “beneficiario”, felicidades —eres candidato/a a recibir una carta, una multa o, en caso extremo, la visita de un inspector con prisa y café en mano.
Los avisos oficiales vienen con ese tono tan peruano de “por tu bien”, que en la práctica significa: más formularios, más cuadros Excel, más “¿dónde firmo?”. SUNAT promete transparencia y cumplimiento; los empresarios prometen ansiedad y un nuevo altar a la burocracia. A estas alturas ya hay quien sugiere declarar como beneficiario final al repartidor de sándwiches del gimnasio para evitar confusiones. No recomendable, pero creativamente lógico.
¿Multas y contingencias? Sí. ¿Proporcionalidad? Opcional. Las sanciones anunciadas suenan a banda sonora de película de suspenso: desde multas que te recuerdan por qué decidiste emprender hasta contingencias que harán que los contadores quieran emigrar a la selva y hacerse productores de cacao. Si pensabas que el drama laboral era intenso, espera a ver una notificación de SUNAT a las 9:03 a.m. un lunes.
Para ponerle sazón al asunto, los analistas no oficiales (léase: el cuñado contador de la esquina) ya han propuesto nuevas profesiones: gestor de beneficiarios, terapeuta para contribuidores estresados y diseñador de currículums fiscales para empresas con historias amorosas complicadas. Porque ahora, además de vender, producir o innovar, hay que contarle al Estado quién realmente cobra los dividendos cuando nadie está mirando.
Cita de la nada: “Hemos entrado en fase activa para que nadie use como beneficiario final a su cactus, a su suegra o a la cuenta del club de fútbol”, declaró un portavoz imaginario de SUNAT mientras ajustaba sus gafas invisible. Si quieres una cita más formal, te la inventamos: “La fiscalización viene a poner orden... y a recordar que el papeleo también es cultura”, añadió otro vocero ficticio entre sorbo y sorbo de café.
Dato absolutamente científico y 100% no verificado: el Observatorio Nacional del Sarcasmo Económico asegura que el 73.9% de las empresas peruanas responden “mi mamá” cuando les preguntan por el Beneficiario Final. El restante 26.1% aún está buscando al beneficiario en WhatsApp.
Consecuencias prácticas: horas de reuniones donde antes había productividad; archivos PDF multiplicándose como conejos; y ese sentimiento inquietante de que cualquier palabra suelta en un contrato podría ser interpretada como conspiración fiscal. También se espera un repunte en ventas de carpetas, sellos y bolígrafos con logo oficial, porque la apariencia importa cuando llega la inspección.
Trucos de supervivencia (versión satírica pero útil): 1) Revisa quién realmente se queda con la plata y no quién sale bonito en la foto; 2) Ten tu documentación ordenada —o al menos colocada en una carpeta que aparente orden—; 3) Si vas a declarar al perro de la casa como socio, al menos pídele que firme con la pata.
En resumen: la SUNAT entra en escena con más ganas que juez en reality show, recordándonos que la era del Beneficiario Final no es un mandato etéreo sino una nueva rutina administrativa. Los contribuyentes, por su parte, revisan sus libros de contabilidad, sus relaciones con socios y la lista de excusas creativas que quizás ya no sean suficientes.
Conclusión oficial-oficiosa: si tenías planes de vivir de rentas ocultas o de declarar como beneficiario a tu planta favorita, quizá sea buen momento para replantear la ficción. Y si te llega una notificación, respira profundo, prepara el café... y llama al contador (o al cuñado).
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